América Latina marca el camino para la innovación financiera para la naturaleza
América Latina es una de las más expuestas a las crisis climáticas, económicas y de biodiversidad; pero también es clave para enfrentarlas.
Por Ana Guzmán
“Antes, las lluvias llegaban cuando tenían que llegar. Sabíamos cuándo sembrar, cuándo pescar y cuándo cosechar”, cuenta María, líder indígena, Amazonía. “En los últimos años, la sequía se volvió más intensa y prolongada. Los ríos bajaron tanto que las embarcaciones dejaron de llegar, los peces escasearon y muchas familias tuvieron dificultades para vender sus productos en los mercados cercanos. La sequía limitó el acceso al agua y golpeó la economía local”.
Pero no es sólo en la Amazonía donde vemos los efectos de la degradación ambiental. La experiencia de María refleja una realidad que se repite en distintos lugares del mundo, que sumados a los desafíos climáticos y a la pérdida de biodiversidad, cada vez impactan más territorios y más personas. Este año, hemos sido testigos de grandes incendios que han viajado desde Canadá hasta nuestra región, devastando miles de hectáreas de ecosistemas estratégicos.
Impactos del cambio climático en la Amazonía
Incluso el río más caudaloso del mundo y su cuenca sufren impactos como la sequía, que afecta el flujo natural del agua y los ciclos ecológicos.
El panorama es cada vez más alarmante. Estos eventos extremos afectan la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua, la salud, la infraestructura y las oportunidades económicas de millones de personas. En 2024, el año más caliente registrado —superado ahora en 2026—, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) reportó más de 150 desastres relacionados con el clima que provocaron el desplazamiento de más de 800.000 personas. En la Amazonía, una sequía histórica llevó al río Negro, en Manaos, a uno de sus niveles más bajos en más de un siglo, generando dificultades para acceder a agua, alimentos, educación y servicios de salud en varios países de la cuenca amazónica.
Al impacto social se suma el económico. De acuerdo con Swiss Re , las pérdidas asociadas a desastres naturales alcanzaron los US$145.000 millones en 2025, una cifra similar al presupuesto anual de Colombia. Pero, detrás de los números hay siempre personas que padecen a mayor escala los impactos.
Rostros tras las cifras
Las mujeres indígenas son uno de los grupos más vulnerables frente a los efectos del cambio climático.
Mujer indígena: de la Amazonía ecuatoriana. © Sebastián Di Doménico
Mujer indígena: de la Amazonía ecuatoriana © Sebastián Di Doménico
Mujer indígena: de la Amazonía ecuatoriana © Sebastián Di Doménico
Mujer indígena: de la Amazonía colombiana © Sebastián Di Doménico
El financiamiento climático ha incrementado de forma significativa durante la última década, pero la brecha es todavía enorme. Según la Iniciativa de Política Climática, se necesitan 7,4 billones de inversión anual al 2030 para hacer frente a la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas. Esta cifra refleja la magnitud del desafío, pero también la oportunidad de transformar los sistemas económicos hacia modelos más sostenibles y resilientes.
América Latina necesita mecanismos capaces de movilizar recursos públicos, privados y filantrópicos hacia soluciones que generen beneficios ambientales, sociales y económicos. Por ello, TNC trabaja con gobiernos, comunidades, instituciones financieras y otros socios para diseñar modelos que conecten la conservación con el desarrollo.
El desafío ahora es llevar a escala estas soluciones con integridad, resultados verificables e instituciones capaces de sostenerlas.
Brasil, un laboratorio para la innovación financiera
Existe el falso dilema que enfrenta a la conservación con el desarrollo. Por el contrario, cuando la conservación genera beneficios y mayor producción para las comunidades, los gobiernos y las empresas, proteger los ecosistemas deja de ser un costo y se convierte en una inversión para el bienestar, la resiliencia y el desarrollo sostenible
Un buen ejemplo es Brasil, que se ha consolidado en los últimos años como un laboratorio de innovación financiera para la conservación, y ha sido un escenario clave en el diseño de soluciones que conectan los mercados financieros, las políticas públicas y los compromisos del sector privado con la protección de los bosques.
Entre las iniciativas más relevantes que ha impulsado Brasil de la mano de TNC se encuentran las concesiones de áreas públicas para la restauración forestal (link en portugués), un modelo que combina conservación, gestión responsable y generación de ingresos a partir del uso sostenible de los recursos forestales.
Este mecanismo permite que áreas de bosque público sean manejadas bajo estrictos criterios ambientales y sociales, creando una alternativa económica frente a actividades asociadas con la deforestación ilegal y promoviendo la valorización del bosque como un activo productivo y sostenible. Bajo este modelo, TNC colaboró con el gobierno de Pará (link en portugués) con el objetivo de restaurar 10.000 hectáreas de vegetación nativa y remover de la atmósfera 3,7 millones de toneladas de CO2.
Brasil también ha sido un actor fundamental en la construcción y promoción de mecanismos financieros de alcance internacional como el Tropical Forest Forever Facility (TFFF), que busca movilizar miles de millones de dólares para recompensar a los países tropicales que logren conservar sus bosques y reducir las tasas de deforestación. El TFFF plantea crear incentivos permanentes para la conservación, reconociendo el valor de los servicios ecosistémicos que los bosques tropicales proveen al planeta, desde la captura de carbono hasta la regulación climática y la conservación de la biodiversidad. Pero, uno de los elementos más relevantes del TFFF es su compromiso de destinar al menos 20% de los recursos directamente a pueblos indígenas, comunidades locales y tradicionales, reconociendo su papel como guardianes de los bosques tropicales.
Al mismo tiempo, alianzas como el Fondo de Capital Catalítico para la Transición Agrícola (CCAT) y la Iniciativa de Finanzas Innovadoras para la Amazonía, el Cerrado y el Chaco (IFACC) promueven inversiones privadas y filantrópicas para acelerar la transición hacia cadenas productivas libres de deforestación, promoviendo la agricultura sostenible, restauración, bioeconomía y otras actividades compatibles con la protección de los bosques.
En conjunto, estas iniciativas reflejan el creciente liderazgo de Brasil en la búsqueda de soluciones financieras innovadoras para la protección de ecosistemas relevantes. Aunque cada mecanismo opera con enfoques distintos, todos convergen en un objetivo común: crear las condiciones económicas que permitan reducir la presión sobre los bosques, detener la deforestación y generar beneficios duraderos.
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Nuevo paper de IFACC
Un llamado a movilizar capital catalizador a gran escala, para acelerar la transición hacia una agricultura libre de deforestación. Descarga el paper (en inglés)
Nature Bonds: Refinanciar para conservar
Los canjes de deuda son una opción atractiva para los países. En vez de destinar sus recursos al pago de acreedores, un país obtiene mejores condiciones para su deuda si protege ecosistemas estratégicos y financia su manejo.
El mayor acuerdo de este tipo llegó en diciembre de 2024, a través de una iniciativa liderada por TNC, junto a la Corporación Financiera para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Bank of America, cuando Ecuador refinanció parte de su deuda y logró destinar 460 millones a la Amazonía durante los siguientes 17 años.
Estos recursos mejorarán la gestión de 4,6 millones de hectáreas de áreas protegidas, ayudarán a conservar 18.000 kilómetros de ríos y fortalecerán los medios de vida de pueblos indígenas y comunidades locales de la Amazonía, los primeros protectores del bosque.
Tres años antes, Belice había abierto el camino con el primer gran canje de deuda por naturaleza. El país recompró 553 millones de dólares de su deuda externa y, a cambio, se comprometió a proteger al menos el 30% de sus aguas territoriales, que incluyen uno de los ecosistemas marinos más importantes del hemisferio. El acuerdo creó un fondo que movilizará casi 180 millones de dólares durante dos décadas para la conservación de los océanos y el desarrollo de una pesca sostenible.
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Mercados de carbono con integridad
Los mercados de carbono son otra de las herramientas con las que gobiernos, empresas y organizaciones buscan financiar la conservación. La lógica es sencilla: quienes reducen emisiones al evitar la deforestación o restaurar bosques pueden generar créditos de carbono que otras empresas compran para compensar parte de su huella ambiental.
En América Latina, TNC ha impulsado un modelo enfocado a los mercados voluntarios de carbono. En vez de intervenir en predios aislados, trabaja con regiones completas para reducir la deforestación, fortalecer políticas públicas y distribuir beneficios entre comunidades y productores locales.
Los mercados voluntarios de carbono también son un mecanismo financiero alternativo que puede generar empleo y nuevas fuentes de ingreso para los pueblos indígenas y comunidades locales. Si se diseñan y ejecutan de la manera correcta, según los más estrictos parámetros de integridad, estos mercados ofrecen la posibilidad de que los recursos movilizados lleguen de forma efectiva y equitativa a estas comunidades. Por esta razón, TNC está trabajando para abordar el cambio climático, conservar la naturaleza y beneficiar a las comunidades.
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Pueblos Indígenas y comunidades locales en el centro del financiamiento
Uno de los principales desafíos es que el grueso de estos recursos aún no llega a las comunidades tradicionales y a los pueblos indígenas, quienes administran las mayores reservas de carbono y de biodiversidad del planeta y actualmente reciben sólo el 1% de los fondos.
A través de fondos diseñados con principios de participación, transparencia y gobernanza inclusiva, TNC apoya el fortalecimiento de capacidades locales, la gestión territorial, los medios de vida sostenibles y las iniciativas lideradas por las propias comunidades. Este enfoque busca asegurar que más recursos lleguen directamente a quienes viven en los territorios donde se concentra buena parte de la biodiversidad del planeta.
Un ejemplo es el apoyo de TNC al Fondo Podáali en Brasil (link en portugués), el primer mecanismo amazónico de financiamiento indígena diseñado, gobernado y gestionado por organizaciones indígenas para canalizar recursos directamente hacia prioridades definidas por sus comunidades. TNC impulsa iniciativas similares de financiamiento directo en Colombia, Ecuador, Perú, entre otros.
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