9 maneras en que dependes de un océano saludable
Incluso lejos de la costa, el océano sustenta nuestra vida con alimento, medicina, oxigeno, inspiración y mucho más. Su futuro es nuestro futuro.
¿Cuánto vale la naturaleza? Es invaluable y aporta billones en beneficios. Descubre cómo sostiene nuestras vidas y economías.
La economía es algo creado por el ser humano, ¿verdad? Las personas somos los únicos seres vivos de la Tierra que asignamos valor en forma de dinero (hasta donde sabemos). Los productos y servicios que compramos con ese dinero también los creamos los seres humanos. Y gran parte de esto ocurre, al parecer, lejos de la naturaleza, en junglas de asfalto.
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SUSCRÍBETEPero la naturaleza y la economía se relacionan entre sí de forma muy profunda. Sin la naturaleza, ni siquiera tendríamos economía. Cuando la ayudamos, ella nos ayuda a nosotros. Y cuando valoramos la naturaleza, podemos protegerla mejor.
A continuación, explicamos por qué cuidar de la naturaleza es la mejor inversión que podemos hacer.
La naturaleza aporta mucho a nuestras vidas, entonces, ¿por dónde empezamos? En primer lugar, reconozcamos que algunos de sus beneficios simplemente no se pueden medir. La naturaleza nos rodea y no tiene precio: es valiosa, esencial e inconmensurable.
¿Cuánto vale la sensación de calma que te invade al respirar el aire del bosque, escuchar el murmullo de un arroyo o contemplar una puesta de sol que te deja sin aliento?
¿Cuánto vale, en dólares, euros o soles, la curiosidad de un niño al descubrir la naturaleza? ¿La emoción de ver un águila, un ciervo o un delfín por primera vez? No hay moneda capaz de medirlo.
La naturaleza nos conecta con el mundo que nos rodea y con otras personas, a través de la cultura, la espiritualidad y experiencias compartidas. Y todo eso no tiene precio.
Al igual que los cimientos de una casa, la naturaleza sostiene nuestras vidas y nuestras economías, incluso cuando no nos damos cuenta.
Tanto las economías mundiales como las locales dependen de los hábitats de la Tierra para obtener sus recursos (alimentos como frutas y verduras o materias primas como la madera y el agua dulce) y sus servicios (como la regulación del clima y la protección frente a las inundaciones).
Y cuando intentamos ponerle precio al valor de la naturaleza, las cifras son alucinantes. El Foro Económico Mundial estima que USD 44 billones (enlace en inglés) del valor económico generado en el mundo, aproximadamente la mitad del PIB global, dependen en gran medida o de forma considerable de la naturaleza.
Ese nivel de influencia significa que la naturaleza sostiene prácticamente todas las industrias del mundo y, en consecuencia, cada empleo. En definitiva, la naturaleza es la base real de nuestra economía.
Si trabajas en un sector relacionado con la alimentación (o, simplemente, comes), puedes darle las gracias a la naturaleza. Alrededor del 35 % de toda la producción de alimentos, incluido el 75 % de los cultivos más importantes, se beneficia de la polinización que realizan las aves, los murciélagos y los insectos.
La polinización de estos alimentos, entre los que se incluyen cultivos comerciales como el café, el cacao, los aguacates y las almendras, representa un valor económico de hasta USD 577 000 millones al año (enlace en inglés).
Y luego está el turismo. Es muy probable que la naturaleza haya sido una de las principales razones por las que decidiste viajar a algún lugar en los últimos tiempos. Quizás hayas viajado por el clima agradable o el paisaje de fondo. O más bien para hacer una excursión a un parque nacional o para disfrutar de un día de playa.
Si disfrutas de las playas de arena blanca, dale las gracias al “trabajo” del pez loro (enlace en inglés). Y si alguna vez fuiste a ver los arrecifes de coral, sin duda tienes que darle las gracias a la naturaleza. El turismo en torno a los arrecifes de coral es una industria de USD 36 000 millones que sigue en aumento.
En todo momento (mientras duermes, te cepillas los dientes o lees este artículo), la fauna y los hábitats cercanos y lejanos te brindan servicios vitales que te ayudan a vivir y a prosperar.
Estos beneficios se conocen como servicios ecosistémicos. Y no son algo prescindible, son esenciales para la vida y, por ende, para nuestra subsistencia. Una economía no durará mucho sin agua limpia, aire, alimentos o un clima habitable.
Y aunque la naturaleza trabaja sin descanso, no nos envía facturas. Lo único que pide es que la cuidemos para que pueda funcionar bien y, a su vez, pueda brindarnos estos servicios.
El valor de estos servicios es astronómico, aunque la mayoría de los análisis económicos no lo tengan en cuenta. Si tuviéramos que ponerle un precio a la capacidad de la naturaleza para filtrar el agua, limpiar el aire y regular el clima a nivel mundial, ascendería a billones de dólares. De hecho, un análisis de BCG (enlace en inglés) situó esta cifra en USD 150 billones, lo que equivale a cinco veces el tamaño de la economía de Estados Unidos.
Formas en que la naturaleza nos ayuda a prosperar.
Hemos hablado mucho de las economías a nivel global. Ahora, hablemos de ti.
La naturaleza te ayuda a ahorrar mucho más dinero que cualquier descuento de tarjeta de crédito o cupón, ya que te permite reducir los costos de las facturas de servicios públicos, mantenerte sano y protegerte de los desastres.
La naturaleza nos mantiene frescos.
A medida que las temperaturas globales se elevan a un ritmo alarmante, la gente dedica cada vez más tiempo, atención y dinero a mantener sus cuerpos frescos. En las ciudades, plantar árboles es una de las soluciones de refrigeración más eficaces.
De hecho, los árboles pueden enfriar el aire en las zonas urbanas hasta 7°C (45 °F) (enlace en inglés). Esta refrigeración natural puede ahorrarte dinero, ya que ayuda a evitar riesgos para tu salud y reduce los costos de las facturas de electricidad por el uso de ventiladores y aire acondicionado.
La naturaleza nos mantiene sanos.
Una buena salud reduce los gastos médicos y de seguros. Mientras que los árboles refrescan nuestras calles, los polinizadores, como las abejas, las mariposas y los pájaros, hacen posible que las plantas les aporten muchos micronutrientes a nuestras comidas, lo que nos mantiene sanos.
Estudios recientes también demuestran que el simple hecho de pasar tiempo en la naturaleza (simplemente estar cerca de ella) tiene grandes beneficios para la salud mental.
La naturaleza nos protege.
Una de las principales formas en que la naturaleza contribuye a nuestro bienestar y nos ayuda a ahorrar dinero es protegiéndonos de fuertes tormentas, inundaciones e incendios. Estos desastres son, en el mejor de los casos, costosos e incómodos y, en el peor, ponen en peligro nuestras vidas.
Los humedales y las llanuras aluviales actúan como esponjas que impiden que el agua destruya nuestras casas. Los arrecifes de coral, los arrecifes de ostras, los manglares y las dunas de arena reducen la energía de las olas y ayudan a mantener las costas.
Durante el huracán Sandy en 2012, los humedales de Nueva Jersey evitaron más de USD 625 millones en daños por inundaciones a las comunidades cercanas.
Esta cifra ya es significativa por sí sola, pero cobra aún más peso si consideramos lo que implican los daños por agua: reconstrucciones costosas, la compleja eliminación de moho perjudicial y la pérdida de objetos de valor sentimental irreemplazables.
La naturaleza también puede protegernos de los incendios forestales. Un manejo forestal adecuado, que reconozca el papel natural del fuego en muchos ecosistemas, puede reducir el riesgo de incendios descontrolados y extremadamente costosos.
Manteniéndonos saludables y seguros.
Los actos de servicio son el lenguaje del amor de la naturaleza. Cuando le devolvemos ese amor cuidando de ella, cuidamos de todos, y de una forma muy rentable.
Desafortunadamente, nos queda mucho por hacer para cumplir con nuestra parte del trato. Los seres humanos seguimos destruyendo la naturaleza y complicando su capacidad de sustentarnos.
Las especies se extinguen, los hábitats de agua dulce se deterioran rápidamente y el cambio climático no hace más que acelerarse. Ya podemos ver efectos reales en nuestros sistemas de alimentación, suministros de agua y otros recursos naturales vitales.
De hecho, en la actualidad, por cada dólar que se invierte en la conservación de la naturaleza, se gastan USD 30 (enlace en inglés) en actividades que la destruyen, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
La naturaleza sostiene nuestras vidas y economías. Cada vez más estudios muestran que protegerla es una inversión inteligente. (Enlace en inglés)
LEE LOS ÚLTIMOS ESTUDIOSCada dólar que se invierte en restauración forestal y la protección de los humedales puede ahorrar hasta USD 7 en gastos derivados de incendios forestales e inundaciones.
Por cada dólar que el Gobierno de Estados Unidos invierte en conservación, el rendimiento medio es cuatro veces mayor.
El agua de cuencas hidrográficas desprotegidas puede costar hasta diez veces más que la de las cuencas protegidas.
Cada dólar invertido en plantar y cuidar árboles genera USD 5 en beneficios al refrescar el aire, reducir la contaminación, filtrar agua y crear espacios de recreación.
Recuerda que la naturaleza no puede declararse en bancarrota. Es muy difícil reconstruir los ecosistemas. Es mucho más fácil y rentable evitar que se pierdan desde el principio. Insistimos en esto: cuidar de la naturaleza es la mejor inversión que podemos hacer.
Uno de los mejores argumentos para proteger la naturaleza es también uno de los argumentos económicos más sencillos: es más económico prevenir que curar. Al fin y al cabo, es mucho más rentable prevenir un megaincendio cuidando los bosques que combatirlo a la fuerza y reconstruir después.
A menos que la naturaleza empiece a cobrarnos por todos los servicios que nos presta, depende de nosotros valorar de forma correcta sus contribuciones e invertir en ellas, algo que nuestra economía humana en general no ha sabido hacer hasta ahora.
Hoy en día, existe una brecha de al menos USD 700 000 millones entre lo que el mundo gasta en proteger la naturaleza y lo que deberíamos gastar cada año. Los servicios ecosistémicos, que aportan billones a las economías mundiales, no pueden financiarse solo con filantropía. Las empresas y los gobiernos deben incluir a los servicios ecosistémicos en sus decisiones de planificación, financiación, gestión de riesgos e inversión.
Cuando podemos rastrear el ganado para garantizar que no paste en tierras deforestadas, como hacemos en algunas zonas de Brasil, podemos asegurarnos de que la carne que compramos no se obtenga a costa de la destrucción de los bosques tropicales, e incluso aumentar el valor de esa carne para los ganaderos.
Cuando el valor de la naturaleza se tiene en cuenta en las economías, la conservación se lleva a cabo no solo por su valor ético, sino porque es práctico y tiene sentido desde el punto de vista de los negocios.
¿Debemos proteger la naturaleza por el simple hecho de hacerlo? ¡Por supuesto! Pero también debemos protegerla porque es una inversión para todos nosotros.
Reconocer el valor de la naturaleza abre la puerta a soluciones creativas para protegerla y restaurarla más rápido.