Una ilustración de animales y paisajes que rodea un texto que dice "75".
Seis proyectos clave en la historia de TNC De la conservación local a la acción global, conoce los hitos que definieron los primeros 75 años de TNC. © Jill De Haan
Perspectivas

Seis proyectos que marcaron un antes y un después en la historia de TNC

75 años de conservación, innovación y alianzas

Hace setenta y cinco años, un grupo de científicos fundó The Nature Conservancy (TNC) con el propósito de proteger áreas naturales amenazadas mediante acciones directas, a menudo trabajando junto a las comunidades locales para adquirir tierras y garantizar su conservación. Estos son algunos de los hitos y momentos decisivos que impulsaron a TNC a crecer, desarrollar nuevas estrategias y colaborar con las personas de formas hasta entonces inéditas.

Vista aérea del Cañón del rio Mianus, NY.
Legado: 75 años después, TNC posee gran parte de las tierras que conforman la Reserva Natural del Cañón del Río Mianus y las gestiona junto con una organización local sin fines de lucro. © Michael George

1. LOS COMIENZOS

Cañón del río Mianus

NUEVA YORK, 1955

A una hora en auto de la jungla de concreto de Manhattan, el río Mianus atraviesa una profunda garganta de granito, flanqueada por imponentes tsugas—coníferas de 350 años—que sirven de refugio a ardillas voladoras, ranas arborícolas y linces rojos. Según Bill Ulfelder, director ejecutivo de The Nature Conservancy en Nueva York, quienes visitan esta reserva de 390 ha (964 acres) suelen sorprenderse de encontrar un lugar tan agreste en los límites del área metropolitana más grande y densamente poblada de Estados Unidos. “No es un río enorme, pero es hermoso”, comenta Ulfelder, orgulloso de que en su estado se concretara la primera adquisición de tierras de TNC.

TNC surgió de un grupo de integrantes de la Sociedad Ecológica de Estados Unidos que creían en la importancia de tomar acción directa para proteger las tierras amenazadas. Poco después de la constitución formal de la organización, un comité de residentes locales encabezado por la científica Gloria Hollister presentó una propuesta: ayudar a salvar el cañón del río Mianus. Algunos desarrolladores inmobiliarios habían hecho una oferta para la propiedad, pero el dueño dio al grupo de residentes la posibilidad de comprarla si lograban reunir los USD 30 000 del precio solicitado. The Nature Conservancy envió a un equipo de científicos para estudiar los tesoros naturales de Mianus y, en 1955, aportó los USD 7500 que faltaban para adquirir una parcela de 24 ha (60 acres), que incluía lo que los residentes llamaban la “catedral de tsugas”.

“Hoy, ese monto no parece mucho dinero, pero en aquel momento era un obstáculo insuperable para el comité local”, explica Ulfelder. También representaba una inversión importante para la nueva organización sin fines de lucro, por lo que TNC aportó los fondos en forma de préstamo, que el comité local devolvería más adelante. Esto permitió a TNC crear un fondo de capital que podía utilizar una y otra vez para proteger otros lugares amenazados.

Aunque la organización ha ampliado enormemente la escala de su trabajo, Ulfelder señala que aquel primer acuerdo aún se refleja en los proyectos actuales de TNC: la ciencia sigue ocupando un lugar central, al igual que la colaboración con organizaciones locales. También se mantiene el énfasis en lograr “resultados duraderos y tangibles”, afirma. “Deberías poder caminar por los resultados del trabajo de The Nature Conservancy, nadar en ellos o respirarlos. Y aquí estamos, 75 años después, y Mianus sigue vivo”.

Una ilustración de un sello con tres ostreros en la playa; uno de ellos se está desprendiendo del sello. Detrás del sello hay una postal con un mapa de Great South Bay.
Fire Island © Jill De Haan
  • A principios de la década de 1950, tres amigos presentaron una oferta para comprar un terreno cubierto por un antiguo bosque marítimo de acebos en Fire Island, frente a Long Island, con el propósito de salvar este “Bosque Hundido” de la urbanización. Sin embargo, la compra los puso en una situación financiera difícil. Los miembros de la recién creada The Nature Conservancy se propusieron recaudar fondos para comprarles la propiedad. Finalmente, en 1966, el bosque fue transferido al gobierno federal para formar parte de la Costa Nacional de Fire Island.

  • En 1956, un grupo de ciudadanos de Maine se reunió en Wiscasset para abordar la pérdida de hábitat de vida silvestre. La científica marina y escritora Rachel Carson planteó: “¿Qué hay de The Nature Conservancy? Es el único grupo que conozco que toma medidas concretas para preservar áreas de verdad”. Carson se convirtió en presidenta honoraria de la nueva delegación de Maine y donó una propiedad y las regalías de sus libros para apoyar la conservación. En homenaje a su legado, un refugio nacional de vida silvestre y una reserva de TNC llevan su nombre.

  • De inmediato, integrantes de The Nature Conservancy de todo el país comenzaron a crear sus propias delegaciones locales y a identificar nuevos proyectos de conservación. Solo en 1956 —el año posterior a la adquisición del cañón del río Mianus— ya estaban en marcha iniciativas para comprar un bosque de tsugas y un pantano de cipreses en Maryland; se habían adquirido derechos para comprar una turbera en Pensilvania, y se recaudaban fondos para proteger una pradera en Wisconsin. Poco después, TNC tendría una delegación en cada estado.

Senderista observa una espectacular cascada de agua.
UN SITIO ESPECTACULAR Las cataratas Trafalgar en el Parque Nacional Morne Trois Pitons, en Dominica, un área protegida de 17.297 acres reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO. © Michele Roux/TNC Photo Contest 2019

2. EXPANSIÓN INTERNACIONAL

Parque Nacional Morne Trois Pitons

DOMINICA, 1975

Desde el punto de vista geológico, Dominica es una de las islas más jóvenes del Caribe, y la actividad volcánica aún moldea su paisaje escarpado. Este proceso se manifiesta en las numerosas aguas termales y fumarolas que salpican el Parque Nacional Morne Trois Pitons, escenario del primer proyecto internacional de The Nature Conservancy.

A mediados de la década de 1970, TNC ya había establecido delegaciones estatales en todo Estados Unidos. Sin embargo, comenzaba a gestarse un debate entre el personal y los integrantes del directorio. Algunos creían que la organización debía proteger lugares especiales dondequiera que se encontraran, en cualquier parte del mundo.

“Había muchos científicos que trabajaban para The Nature Conservancy o formaban parte de nuestras delegaciones estatales y del directorio global”, explica David Banks, director de Conservación de TNC. “Comprendían que nuestra misión no estaba limitada por fronteras nacionales ni estatales”.

Una de las oportunidades más atractivas fuera de Estados Unidos era una pintoresca extensión de 384 ha (950 acres) en Dominica, ubicada en una zona de gran biodiversidad y con numerosas especies endémicas. En 1975, TNC decidió aceptar el terreno que John Dana Archbold, un filántropo interesado en preservar los bosques tropicales, ofrecía como donación. The Nature Conservancy transfirió el terreno al gobierno de Dominica, y este se convirtió en el corazón de un nuevo parque nacional que llegaría a abarcar casi el 10 % de toda la isla.

“En aquel momento, fue algo extraordinario”, afirma Felix Gregoire, quien se desempeñó como funcionario forestal en el parque y, más tarde, estuvo al frente del Ministerio de Agricultura, Tierras, Pesca y Silvicultura de la nación insular. Aunque muchos dominiqueses tenían sus dudas, “pudieron comprobar los beneficios con sus propios ojos”, explica Gregoire. “Hoy, Dominica es la ‘isla de la naturaleza’ del Caribe. El turismo es el motor de la economía”.

La donación también representó el primer paso de TNC para convertirse en una organización global. “En la década de 1970 hubo mucha experimentación que probablemente resultó bastante incómoda en aquel momento”, señala Banks. “Pero sentó las bases de nuestro enorme éxito: hoy reconocemos el valor de asumir riesgos”.

Una ilustración de un mono en una rama con una cascada y la selva de fondo.
Costa Rica © Jill De Haan
  • La península de Osa alberga más de una docena de ecosistemas y una extraordinaria biodiversidad. Sin embargo, en la década de 1970, la minería y la agricultura amenazaban la zona. La presión internacional llevó al gobierno a crear el Parque Nacional Corcovado, con la participación de The Nature Conservancy. A fines de la década de 1980, TNC gestionó el primer canje de deuda por naturaleza de la organización: se cancelaron USD 254 000 de la deuda nacional a cambio de ampliar las medidas de conservación del Parque Nacional Braulio Carrillo.

  • En 1998, TNC puso en marcha una iniciativa audaz y contribuyó a lanzar su primer programa en China: el Proyecto de los Grandes Ríos de Yunnan. El proyecto protegió una escarpada región montañosa de un tamaño similar al de Virginia Occidental, que incluía algunos de los últimos bosques primarios del país y hábitat de leopardos de las nieves y monos de nariz chata. La iniciativa ha reunido a organismos gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro para proteger las tierras situadas cuenca arriba de tres de los ríos más grandes de Asia: el Mekong, el Yangtsé y el Salween.

  • A medida que el desarrollo hidroeléctrico se ha expandido por los Balcanes occidentales en las últimas décadas, los residentes han expresado su preocupación ante la posibilidad de que nuevas represas fragmenten algunos de los últimos ríos de flujo libre de Europa. En 2023, TNC puso en marcha una importante iniciativa de agua dulce en Europa para apoyar a grupos locales de cinco países balcánicos en la protección duradera de estos ríos y en la identificación de sitios adecuados para alternativas de energía renovable a la hidroelectricidad. Desde entonces, TNC también ha ayudado a comunidades de Inglaterra a desarrollar nuevas medidas de protección para sus ríos.

Zorro isleño de Santa Cruz.
UNA ESPECIE ÚNICA El zorro isleño de Santa Cruz solo habita en la isla Santa Cruz, situada a 25 millas de la costa de California. © Ian Shive

3. DESARROLLO DE LA CIENCIA PARA LA RESTAURACIÓN

Isla Santa Cruz

CALIFORNIA, 1978

La isla Santa Cruz, la más grande de las islas del Canal de California y también conocida por su nombre chumash, Limuw, se encuentra a 40 km (25 millas) de la costa: lo bastante lejos del continente como para albergar un ecosistema propio y singular, pero lo bastante cerca como para haber sufrido importantes alteraciones humanas. En 1978, cuando TNC compró la mayor parte de la isla Santa Cruz a propietarios privados, el ecosistema se encontraba en serios problemas.

Los cerdos y las ovejas asilvestrados, legado de un siglo de actividad ganadera, sobrepastoreaban la isla y amenazaban con llevar a la extinción a varias especies de plantas nativas. Mientras tanto, el zorro de la isla Santa Cruz, entonces en peligro de extinción y antaño uno de los principales depredadores del ecosistema, también estaba al borde de desaparecer. En menos de una década, la población de este pequeño cánido, de un tamaño similar al de un gato doméstico, se había reducido un 95 %, hasta quedar menos de 100 ejemplares.

“En aquel momento, la comunidad científica comprendía que, si alguien eliminaba los ungulados invasores de [las islas], las especies tendrían la posibilidad de recuperarse”, explica Lara Brenner, científica sénior de la Reserva de la Isla Santa Cruz de TNC.

Desde el principio, los líderes de The Nature Conservancy sabían que la adquisición de tierras en la isla Santa Cruz conllevaría nuevas responsabilidades. El personal estaba acostumbrado a proteger tierras evitando que cayeran en manos de desarrolladores inmobiliarios, pero las amenazas de la isla eran más complejas que las topadoras o la expansión urbana.

“Este fue uno de los primeros proyectos en los que TNC comprendió que comprar tierras era una condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar nuestros objetivos de conservación”, explica Philip Tabas, integrante de TNC desde hace muchos años y actual asesor sénior. “Para conservar la isla Santa Cruz también harían falta un buen equipo de proyecto, un buen plan estratégico, fondos adecuados [y] la participación de la comunidad”.

Hoy, estos elementos son habituales en todos los proyectos de TNC, y los resultados en la isla Santa Cruz son evidentes: ya no hay cerdos ni ovejas asilvestrados, las águilas calvas fueron reintroducidas, las plantas nativas volvieron a colonizar laderas antes estériles y el zorro de la isla Santa Cruz vuelve a prosperar, con una población que supera ampliamente los 2000 ejemplares.

Ilustración a color de un fuego controlado con una persona sosteniendo una antorcha de goteo. Al fondo se aprecian pequeños incendios en un bosque.
Quema prescrita © Jill De Haan
  • En 1962, Donald Lawrence, botánico de la Universidad de Minnesota, dirigió al equipo que realizó la primera quema prescrita de TNC en la Reserva de la Sabana Helen Allison, una sabana de robles cercana a Mineápolis. Basándose en conocimientos indígenas de larga tradición, el equipo ayudó a demostrar que las quemas de baja intensidad realizadas en condiciones seguras podían restaurar y apoyar el manejo de hábitats adaptados al fuego. En la actualidad, TNC trabaja con el fuego y apoya a socios que hacen lo mismo en América del Norte, América Latina, Australia, África y Europa.

  • En 1970, The Nature Conservancy contrató al científico Robert Jenkins para crear un sistema basado en la ciencia que permitiera identificar y establecer prioridades de conservación en cada estado. Este inventario biológico —denominado Red del Patrimonio Natural— sentó las bases de un enfoque más estratégico para definir los objetivos de conservación. Con el tiempo, permitió centrar el trabajo en las prioridades ecológicas y sentó las bases para que TNC tomara decisiones guiadas por la ciencia mediante herramientas como la Planificación Ecorregional y Diseño para la Conservación (Conservation by Design).

  • Durante la década de 1970, TNC adquirió 14 islas barrera frente a la costa de Virginia. La reserva, que abarca 16 000 ha (40 000 acres), se ha convertido en un “laboratorio viviente” para la restauración marina. En 1997, TNC y sus socios descubrieron pequeñas áreas de zostera marina, una especie que había desaparecido de la zona en la década de 1930. El hallazgo inspiró un programa que resembró unas 324 ha (800 acres) de zostera, que desde entonces se ha extendido a casi 4900 ha (12 000 acres), y permitió enseñar a responsables del manejo marino de todo el mundo cómo restablecer estos hábitats perdidos.

Atardecer entre montañas.
PAISAJE ICONICO TNC contribuyó a proteger las tierras y aguas que hoy integran el Parque Nacional y Reserva Great Sand Dunes de Colorado. © Nina Ritchie/TNC Photo Contest 2022

4. TRABAJO A ESCALA DE PAISAJE

Parque Nacional Grandes Dunas de Arena

COLORADO, 2004

Como muchos proyectos de TNC, la historia del Parque Nacional Grandes Dunas de Arena comenzó con un grupo de ciudadanos preocupados: en este caso, habitantes de Colorado que formaron una coalición para impedir que se extrajera el agua subterránea local y se transportara por tuberías hasta los suburbios de Denver. La pérdida de esa agua no solo amenazaría las granjas locales, sino también el cercano Monumento Nacional Grandes Dunas de Arena: más de 10 000 ha (25 000 acres) de imponentes dunas de arena blanca acumuladas por los vientos dominantes al pie de las montañas Sangre de Cristo. Cada primavera, los arroyos de flujo libre reponen las dunas al arrastrar la arena de nuevo hacia el valle, un proceso que se interrumpiría si descendiera el nivel freático.

El conflicto por el agua, que se había prolongado durante décadas, comenzó a acercarse a su fin en 1999, cuando el grupo local invitó a The Nature Conservancy a apoyar sus esfuerzos mediante la adquisición del Rancho Baca, de 39 000 ha (97 000 acres), que TNC podría sumar a la reserva que acababa de crear: el Rancho Medano-Zapata, de 40 000 ha (100 000 acres). En 2000, el Congreso aprobó una ley que autorizaba la creación de un parque nacional una vez que TNC adquiriera el rancho. La medida puso fin a los planes de vender el agua de la zona y aseguró el futuro de las dunas. Con las tierras y el agua protegidas, TNC ayudó a negociar un acuerdo con el gobierno para casi cuadruplicar la superficie del monumento nacional. Tras la compra de las tierras, en 2004 se designó oficialmente el Parque y Reserva Nacional Grandes Dunas de Arena.

“Fue una coalición de residentes […] y líderes políticos de ambos partidos”, explica Nancy Fishbein, directora de Tierras Resilientes de TNC en Colorado. “Participar en ella fue una experiencia sumamente reveladora y poderosa: no podemos hacerlo solos”.

Además de esa enseñanza, según Fishbein, quien se incorporó a TNC en 1991, el proyecto de las Grandes Dunas de Arena también demostró que era posible —e importante— conservar paisajes enormes e interconectados. Proteger una parte de un ecosistema no siempre garantiza el éxito si otras partes de ese mismo sistema están amenazadas.

“Si queremos conservar la biodiversidad del mundo, tenemos que trabajar a esta escala”, afirma Fishbein. “Y sé que tenemos el valor necesario para hacerlo”.

 Ilustración a color de un elefante en la sabana con binoculares y flores rojas en primer plano.
Parque Nacional Kafue © Jill De Haan
  • En 2010, TNC comenzó a trabajar en Zambia para ayudar a conservar la vida silvestre y la biodiversidad en los alrededores del emblemático Parque Nacional Kafue. Los incendios forestales durante la estación seca se habían convertido en un problema tanto para los animales como para las comunidades, por lo que TNC comenzó a capacitar al personal del parque en el manejo de quemas controladas. Dieciséis años después, TNC, las comunidades locales y los responsables gubernamentales del manejo de tierras siguen colaborando en más de 39 000 km² (15 000 millas cuadradas) de tierras de conservación bajo manejo comunitario alrededor del parque.

  • El Área Recreativa Nacional Golden Gate de California alberga más especies en peligro de extinción que cualquier otra propiedad del sistema de parques nacionales de la zona continental de Estados Unidos. Sin embargo, en la década de 1960, esta zona estuvo a punto de convertirse en un proyecto inmobiliario de 810 ha (2000 acres). The Nature Conservancy colaboró con residentes locales y otros ambientalistas para detener el proyecto: compró la propiedad costera en 1972 y más tarde la transfirió al Servicio de Parques Nacionales. Hoy, el área recreativa es uno de los lugares más visitados del Servicio de Parques Nacionales.

  • En la década de 1980, la deforestación, la caza, los proyectos de desarrollo y la contaminación estaban dañando parques protegidos de toda América Latina y el Caribe. En muchos casos, los países donde se encontraban no contaban con los recursos necesarios para manejarlos. En 1990, TNC y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) iniciaron un programa para identificar y apoyar a los parques más amenazados. Ambas organizaciones colaboraron con gobiernos locales y ONG para elaborar planes de manejo e involucrar a las comunidades en el desarrollo de medidas de protección duraderas y sostenibles.

Mujer baila en traje típico.
Celebración. Una danza tradicional cobra vida en la Casa Grande de los Kitasoo/Xai’xais, en el corazón de la región Great Bear de la Columbia Británica. © Jason Houston

5. PARTICIPACIÓN DE LAS COMUNIDADES EN LA CONSERVACIÓN

Bosque y Mar del Gran Oso

CANADÁ, 2016

Durante miles de años, el pueblo de la nación Kitasoo Xai’xais ha dependido de los recursos de las costas y las islas de la actual Columbia Británica: pesca salmones y recolecta mariscos y cangrejos en fiordos excavados por glaciares y bordeados de frondosos bosques templados. La región, hogar de ballenas, lobos y osos, también comprende los territorios tradicionales no cedidos de 24 naciones originarias, pueblos históricamente excluidos de las decisiones sobre conservación en Canadá.

Sin embargo, a principios de la década de 2000, The Nature Conservancy recibió una invitación para apoyar a las naciones indígenas en sus esfuerzos por proteger y manejar alrededor de 6,1 millones de hectáreas (15 millones de acres) de lo que pasó a conocerse como el Bosque del Gran Oso, además de 1,1 millones de ha (2,6 millones de acres) en el archipiélago de Haida Gwaii.

“La idea de apoyar una iniciativa liderada íntegramente por pueblos indígenas era relativamente novedosa en el ámbito de la conservación”, explica Jenny Brown, asesora de Nature United en materia de conservación y estrategias emergentes en Canadá. Nature United es la organización canadiense afiliada a TNC. Aun así, era una oportunidad que la organización no podía dejar pasar.

Los esfuerzos de planificación y recaudación de fondos dieron fruto en 2016, cuando más de 25 naciones originarias y el gobierno de Columbia Británica firmaron el Acuerdo del Bosque del Gran Oso (Great Bear Forest Treaty). En 2024, se formalizó un acuerdo a través del Proyecto de Financiamiento para la Permanencia del Mar del Gran Oso (Great Bear Sea) para proteger y financiar el manejo de 4 millones de hectáreas (10 millones de acres) de océano a lo largo de la costa canadiense del Pacífico. Estos acuerdos ayudaron a sentar un precedente para fortalecer la participación de los pueblos indígenas en las decisiones sobre el manejo de tierras y recursos.

Proteger una extensión tan grande de tierra y mar es un triunfo, pero, según Brown, “para mí, aún más importante son las personas que habitan ese paisaje y sus esfuerzos por asegurarse de que ese lugar pueda sostener sus culturas, sus vidas y a su gente”.

 Una ilustración a color de tres mujeres en una playa con una tortuga marina nadando cerca de la orilla.
Islas Salomón © Jill De Haan
  • En la década de 1990, The Nature Conservancy comenzó a colaborar con comunidades de las Islas Salomón para ayudarlas a proteger las zonas de anidación de tortugas marinas en peligro de extinción. Sin embargo, en estas comunidades tradicionales y patriarcales rara vez se permitía que las mujeres participaran en la toma de decisiones. En 2016, se creó en las islas Arnavon un grupo llamado KAWAKI para promover la participación de las mujeres en el manejo de iniciativas de conservación e investigación y generar oportunidades económicas para ellas. Desde entonces, el modelo también se ha replicado en Papúa Nueva Guinea.

  • A comienzos de este siglo, la creciente deforestación en toda la Amazonía ejercía cada vez más presión sobre los territorios indígenas. Los pueblos indígenas necesitaban herramientas más eficaces y mayor apoyo para proteger y manejar sus tierras. Desde la década de 2000, TNC apoyó al gobierno en la elaboración de políticas más estrictas y de cumplimiento obligatorio para proteger las tierras indígenas. The Nature Conservancy también ayuda a las comunidades a elaborar planes para manejar sus recursos naturales de manera sostenible y generar oportunidades económicas, por ejemplo mediante la agrosilvicultura.

  • En la década de 2010, las comunidades pastorales de Kenia sufrían los efectos del pastoreo excesivo, las lluvias impredecibles, la caza furtiva de grandes animales y la escasez de oportunidades económicas. The Nature Conservancy colaboró con una ONG local que estaba desarrollando “áreas de conservación comunitaria”. Esta estrategia ayudó a las comunidades a implementar prácticas de pastoreo sostenible en sus tierras, crear programas de guardabosques para disuadir a los cazadores furtivos y atraer turismo. En la actualidad, TNC apoya áreas de conservación comunitaria en cinco países africanos.

 Una vista aérea de un delta costero de color azul brillante salpicado de nubes.
BENEFICIOS AZULES La laguna coralina de Aldabra integra la red de áreas marinas protegidas de Seychelles. © Wil Meinderts/Buiten-beeld/Minden

6. LOGRAR QUE LA CONSERVACIÓN SEA ECONÓMICAMENTE SOSTENIBLE

Seychelles

ÁFRICA, 2016

A unos 1600 km (1000 millas) de la costa oriental de África se encuentran las 115 islas de Seychelles, que van desde diminutos cayos de arena hasta Mahé, una isla un poco más grande que Manhattan donde vive la mayoría de los 100 000 habitantes del país. Aunque Seychelles es una nación pequeña tanto en superficie terrestre como en población, su área marina se extiende por 1,37 millones de km² (530 000 millas cuadradas) del océano Índico.

“Es un país pequeño, pero formidable”, afirma Joanna Smith, directora global de Planificación y Mapeo Oceánicos de The Nature Conservancy, “y el océano es el tejido de la vida en Seychelles”.

Por eso, tenía sentido que Seychelles colaborara con TNC para desarrollar un nuevo modelo y llevar a cabo la primera conversión de deuda para la conservación oceánica del mundo, que abarcó USD 21,6 millones de su deuda soberana. En 2016, Seychelles se comprometió a proteger más del 30 % de su océano —una superficie mayor que Alemania— y a elaborar un plan para toda su área marina. Los fondos provenientes de la conversión de deuda son administrados por un nuevo fideicomiso de conservación para apoyar el manejo de las aguas y las pesquerías del país.

Según Smith, la enorme escala del proyecto representa un inmenso valor ecológico. Smith trabajó durante un tiempo en Seychelles, donde ayudó al personal local y a las partes interesadas a mapear zonas esenciales del océano e identificar las áreas que debían protegerse para alcanzar el objetivo del 30 % establecido por el país. Las grandes áreas marinas permiten mantener ecosistemas completos intactos y brindan hogar a criaturas que van desde los invertebrados más diminutos hasta especies migratorias como tortugas y ballenas. Además, para un país que depende casi por completo de la pesca y el turismo, proteger el océano también tenía sentido desde el punto de vista económico. “Hubo un enorme apoyo de las partes interesadas, la sociedad civil y otros organismos gubernamentales”, afirma Smith.

El proyecto sirvió como experiencia piloto para lo que TNC denomina actualmente Programa Nature Bonds, al que luego se sumaron proyectos en Belice, Barbados, Gabón, las Bahamas y Ecuador. Cada proyecto se financió mediante una combinación de fundaciones privadas y socios del sector público coordinados por TNC. En conjunto, se prevé que los bonos movilicen USD 1000 millones para mejorar el manejo de casi 243 millones de hectáreas (600 millones de acres) de tierras, océanos y agua dulce.

Ilustración a color de Quito. La ciudad está enmarcada por un extenso paisaje montañoso.
Ecuador © Jill De Haan
  • Para el año 2000, la ganadería, la agricultura y la actividad forestal habían deteriorado los páramos (humedales andinos)—ubicados cuenca arriba de la ciudad de Quito, Ecuador. El hábitat de la vida silvestre comenzaba a degradarse y la ciudad veía amenazada una fuente clave de abastecimiento de agua. The Nature Conservancy y el gobierno local crearon el primer fondo de agua del mundo, que recaudaba recursos a partir de las tarifas de la empresa local de agua. El programa ha permitido restaurar 54 600 ha (135 000 acres) de hábitat y, al mismo tiempo, mejorar el abastecimiento de agua de Quito. Desde entonces, TNC ha contribuido a poner en marcha más de 50 programas similares en todo el mundo.

  • En 1961, The Nature Conservancy recibió como donación su primera servidumbre de conservación: 2,4 ha (6 acres) de marismas salinas junto al río Mystic, en Connecticut. Mediante una servidumbre de conservación, los propietarios conservan sus tierras, pero renuncian a derechos específicos, como la posibilidad de talar bosques o subdividir los terrenos para urbanizarlos. En 1976, el código tributario de Estados Unidos comenzó a permitir una deducción fiscal por la pérdida de valor de estas tierras. Este cambio despertó el interés por las servidumbres de conservación, que, hasta enero de 2025, protegían casi 15,4 millones de hectáreas (38 millones de acres) en Estados Unidos.

  • En 2018, The Nature Conservancy identificó una oportunidad de inversión: adquirir 102 000 ha (253 000 acres) de antiguos terrenos mineros y bosques de explotación industrial en los Apalaches. TNC constituyó una sociedad privada en comandita para comprar parcelas en Virginia, Tennessee y Kentucky por USD 130 millones. Este proyecto de 10 años tiene como objetivo restaurar tierras y aguas, manejar los bosques para generar beneficios relacionados con el carbono y la biodiversidad, desarrollar proyectos de energía solar en antiguas minas a cielo abierto y habilitar el acceso público para actividades recreativas.