Secretos de los “superarrecifes”
Mientras los arrecifes de coral del mundo se pierden a una velocidad pasmosa, especialistas de se apresuran para encontrar y proteger a los más resilientes.
El cambio climático pone en riesgo estos ecosistemas clave, pero la ciencia y la conservación trabajan para evitar su colapso.
En 2016, un grupo de documentalistas registró algunas de las primeras imágenes en cámara rápida de un episodio de blanqueamiento de corales. El trabajo se realizó frente a la costa de Australia, en distintos sectores de la Gran Barrera de Coral. Durante varios meses, el equipo recorrió decenas de sitios cada día y utilizó un trípode y una cámara submarina para fotografiar las mismas áreas del arrecife. Al unir las imágenes, se observa cómo un ecosistema vibrante y lleno de vida se convierte poco a poco en un paisaje gris y desolado: una extensión aparentemente interminable de escombros coralinos, casi sin rastro de vida marina, salvo por algunas delicadas hebras de algas marrones.
El blanqueamiento de corales, documentado por primera vez a comienzos del siglo XX, ocurre como una respuesta al estrés, por ejemplo, cuando la temperatura del agua que rodea a los corales aumenta demasiado. Un coral blanqueado puede recuperarse, pero solo si la temperatura del agua vuelve a niveles normales en el plazo de unas semanas. Sin embargo, a medida que las emisiones de gases de efecto invernadero elevan la temperatura y la acidez de los océanos, el blanqueamiento y la muerte de los corales se volvieron fenómenos cada vez más frecuentes y alarmantes. El primer episodio de blanqueamiento masivo registrado a escala mundial ocurrió en 1998. Doce años más tarde volvió a repetirse y, luego, otra vez entre 2014 y 2017. Durante esa ola de calor, los arrecifes del noroeste de las islas Hawái registraron tasas de mortalidad de hasta el 90 %. El episodio de blanqueamiento masivo más reciente registrado a escala mundial ocurrió entre 2023 y 2025. Según las proyecciones científicas, si el calentamiento de los océanos continúa al ritmo actual, hasta el 90 % de los arrecifes de coral del planeta podría desaparecer tan pronto como en 2045. Esto implicaría la pérdida de una fuente fundamental de alimento y refugio para cerca de 1 millón de especies, además de generar pérdidas económicas anuales de hasta USD 500 mil millones para 2100.
Las pérdidas de corales provocadas por el blanqueamiento incrementaron exponencialmente de tal forma que muchos investigadores —varios de los cuales dedicaron toda su carrera a salvar este ecosistema— pudieron presenciar el cambio con sus propios ojos. Petra MacGowan creció visitando algunos de los arrecifes de coral más prístinos del mundo. Cuando era niña, acompañaba a su padre, profesor de ciencias marinas en una escuela secundaria, en viajes a arrecifes de Hawái, Florida y Australia. “Vi la Gran Barrera de Coral cuando tenía unos ocho años”, recuerda. “Es uno de esos recuerdos que me marcaron para siempre: hacer esnórquel en la Gran Barrera de Coral junto a mi papá”.
Años más tarde, MacGowan —quien actualmente se desempeña como directora de alianzas dedicadas a los arrecifes de coral en The Nature Conservancy— llevó a su propia hija a la Gran Barrera de Coral. Sin embargo, el arrecife había sufrido un episodio de blanqueamiento poco tiempo antes y ya no era el ecosistema vibrante que ella recordaba de su infancia. “Fue devastador”, expresa.
Los investigadores especializados en corales y las organizaciones dedicadas a la conservación llevan más de cuatro décadas alertando sobre esta situación. El problema no radica solo en que el mundo podría perder una de las clases de organismos más diversas del planeta. La verdadera amenaza es que esa pérdida podría devastar ecosistemas marinos enteros. Se estima que, aunque los arrecifes de coral cubren menos del 1 % de la superficie oceánica mundial, alrededor del 25 % de los organismos marinos dependen de ellos. Elizabeth Shaver, líder de estrategia para la conservación de corales de TNC en el Caribe, explica que la desaparición de los arrecifes también tendría consecuencias catastróficas para las comunidades costeras. Se paralizaría la pesca y la economía vinculada al mar, y tanto la población como la infraestructura crítica quedarían mucho más expuestas al impacto de las tormentas tropicales.
“El Caribe es la región del mundo que más depende del turismo vinculado a los arrecifes de coral”, explica Shaver. En algunos países insulares, “una gran parte de su PBI proviene del turismo asociado a los arrecifes de coral”.
No obstante, recientemente, los científicos hicieron un descubrimiento alentador: algunos arrecifes de coral parecen resistir mejor que otros las olas de calor marinas. Se recuperan más rápido. Las tasas de mortalidad son más bajas. Parecen tolerar mejor las altas temperaturas. Si se protegen, estos arrecifes resilientes tienen mayores probabilidades de sobrevivir en un océano cada vez más cálido y de convertirse en los “arrecifes madre” de futuras colonias de coral. Se los podría comparar con un banco de semillas submarino: una reserva de material genético a partir de la cual los arrecifes dañados podrían regenerarse, ya sea de manera natural o mediante restauración activa.
En 2021, The Nature Conservancy se asoció con Woods Hole Oceanographic Institution (enlace en inglés) y Stanford University para identificar algunos de estos “superarrecifes”. Junto con socios locales de Belice, Hawái y la República de las Islas Marshall, los investigadores desarrollaron un modelo tridimensional del movimiento del agua, las olas y la temperatura para identificar zonas donde podrían encontrarse corales con mayor tolerancia térmica. Tenían especial interés en las áreas donde la temperatura cambia a diario, ya que planteaban la hipótesis de que los corales desarrollan resistencia al calor cuando quedan expuestos a variaciones térmicas extremas. (En Indonesia y Palaos, se realizaron trabajos similares junto con otros socios).
Durante la misma época, científicos de TNC en el Caribe (enlace en inglés) intentaban determinar qué arrecifes podrían mantenerse a salvo de futuros cambios climáticos. El equipo desarrolló modelos informáticos que combinaban temperaturas oceánicas históricas y proyectadas, exposición al impacto de huracanes y conectividad entre arrecifes que podrían servir como fuente de restauración mediante futuras larvas de coral. Investigadores de otras regiones del mundo, entre ellas Australia y Hawái, utilizaron estrategias similares para identificar y propagar corales que parecen tener una mayor tolerancia térmica.
Los métodos que utiliza la iniciativa de los superarrecifes y los científicos del Caribe son distintos, pero van tras el mismo objetivo: identificar y proteger los arrecifes con mayores probabilidades de sobrevivir en un mundo cada vez más cálido. Este enfoque amplía las estrategias históricas de conservación y restauración de arrecifes de coral impulsadas por organizaciones ambientales. En regiones como el Caribe, la restauración de corales se concentró principalmente en especies de crecimiento rápido, como el coral cuerno de ciervo. “Crece muy rápido”, explica Shaver. Con herramientas de corte pueden extraerse fragmentos que continúan creciendo, lo que vuelve más accesible este tipo de restauración. El problema es que, aunque las especies ramificadas como el coral cuerno de ciervo cumplen un papel fundamental en la estructura de los arrecifes, también son más vulnerables al blanqueamiento. “En términos generales”, señala, “los corales de crecimiento más lento suelen resistir mejor el estrés térmico”.
Los corales son invertebrados marinos que suelen vivir en colonias dentro de ambientes de aguas cálidas. En las especies constructoras de arrecifes, conocidas como corales “duros”, lo que consideramos un coral se compone en realidad de dos organismos diferentes: un pólipo y un tipo de alga unicelular parecida a una planta conocida como zooxantela. Las zooxantelas producen oxígeno para los corales mediante la fotosíntesis, mientras que los corales protegen a las algas y les aportan otros nutrientes. Cuando la temperatura del agua supera cierto umbral, la capacidad fotosintética de las algas se altera, comienzan a acumularse subproductos tóxicos y el coral expulsa a las algas que antes le daban color. Ese proceso se conoce como blanqueamiento.
Sin embargo, cuando los corales duros se encuentran saludables, sus arrecifes —y las estructuras rocosas que se forman debajo de ellos— sostienen ecosistemas submarinos extraordinariamente diversos y llenos de vida. Aunque cubren apenas el 1 % del fondo oceánico, estos ecosistemas albergan hasta una cuarta parte de toda la vida marina del planeta. Además, representan desde hace décadas una fuente constante de descubrimientos científicos, especialmente, en el campo de la medicina.
Al menos dos docenas de medicamentos contra el cáncer surgieron a partir de organismos marinos que habitan en arrecifes de coral. Lo mismo ocurrió con compuestos utilizados para tratar enfermedades cardiovasculares, úlceras y muchas otras afecciones. La citarabina, uno de los primeros medicamentos desarrollados a partir de organismos marinos, proviene de los nucleótidos de una esponja marina del Caribe.
Actualmente, los arrecifes también se consideran una posible fuente de nuevos productos con potencial transformador. Petra MacGowan, directora de alianzas dedicadas a los arrecifes de coral en The Nature Conservancy, sostiene que estos ecosistemas todavía tienen mucho por enseñarnos. “El océano, en general, está lleno de secretos”, afirma.
Descubre todo sobre los arrecifes de coral y los esfuerzos para protegerlos.
El descubrimiento de arrecifes resilientes no constituye una solución definitiva. De hecho, los intentos por identificar arrecifes resistentes dejaron en evidencia la enorme complejidad de los ecosistemas coralinos. Por ejemplo, cuando científicos de Stanford University sometieron posibles corales resilientes a pruebas de estrés térmico, los resultados variaron considerablemente: una especie de coral proveniente de un arrecife mostraba buenos resultados, mientras que esa misma especie procedente de otro arrecife no respondía de la misma manera.
“Los arrecifes presentan enormes variaciones en términos de estructura”, explica Annick Cros, quien lidera el trabajo sobre superarrecifes para TNC. “Existen arrecifes de parche, arrecifes de barrera, arrecifes costeros, zonas interiores y exteriores de atolones, canales y lados de barlovento y sotavento”. La cantidad de variables es abrumadora y todas influyen en la capacidad de los corales para adaptarse al estrés térmico. Finalmente, el equipo identificó sectores de arrecifes en Belice y otros lugares que concentraban la mayor cantidad de corales con tolerancia térmica y, actualmente, comparte esos datos con los administradores marinos que trabajan en el territorio.
Yimnang Golbuu, director de conservación de TNC en Micronesia y Polinesia, señala que la investigación —realizada en Palaos en colaboración con The University of Queensland— proporcionó al gobierno local y a sus socios información sumamente valiosa sobre la posible resiliencia de los arrecifes de coral de Palaos. Según Golbuu, el mapeo ayuda a orientar un nuevo plan nacional para las zonas costeras y también podría influir en la creación de nuevas áreas marinas protegidas. Este tipo de acciones de conservación ya avanzan en Barbados, Bahamas, Indonesia (enlaces en inglés) y otros lugares. Además, estas medidas fortalecen la gestión marina respaldada por las comunidades y los esfuerzos dirigidos a reducir factores de estrés locales no relacionados con el calor, como la contaminación del agua.
Desde 2005, un grupo global conocido como la Red de Resiliencia de Arrecifes conecta a administradores marinos con recursos, herramientas e información fundamental para proteger mejor los arrecifes de coral de sus comunidades locales. La red, liderada por The Nature Conservancy, capacitó a alrededor de 57 000 personas, desde Tonga hasta Trinidad y Tobago.
Quienes trabajan en la conservación de corales ayudan a los arrecifes de distintas maneras. Algunos, como Joshua Oginda, oficial de empresas marinas de Northern Rangelands Trust en Kenia, se dedican a restaurar físicamente los arrecifes. Oginda colaboró en la creación de programas de restauración de arrecifes liderados por las comunidades en dos áreas marinas protegidas frente a la costa de Kenia. Un programa de monitoreo a largo plazo ya reveló señales de recuperación en esas zonas.
Otros, como Alyssa Bastian, planificadora de parques de Bahamas National Trust, centraron sus esfuerzos en la gestión de arrecifes. Con el apoyo de la red, Bastian ayudó a diseñar planes de manejo climáticamente inteligentes para tres áreas marinas protegidas de las Bahamas, con el objetivo de garantizar que los arrecifes del país puedan resistir los efectos del cambio climático.
Mientras tanto, nuevos estudios indican que la lucha por el futuro de los corales está lejos de darse por perdida. Un estudio de dos años (enlace en inglés) realizado por el Hawai‘i Institute of Marine Biology descubrió que, ante condiciones más cálidas y ácidas, las comunidades de arrecifes de coral tendían a cambiar con el tiempo —ya que ciertas especies pasaban a predominar—, pero no desaparecían.
El hallazgo trae esperanza, aunque también refleja que los cambios son inevitables. MacGowan, de TNC, dedicó gran parte de su carrera a la conservación de corales. “No es un trabajo sencillo”, reconoce. “Después de 20 años, uno quiere mirar atrás y sentir que logró mejorar las cosas”. Sin embargo, afirma que el hecho de que los científicos encuentren zonas resilientes representa una razón para seguir adelante. “Además, lo que está en juego es demasiado importante”.
Los ecosistemas coralinos efectivamente están cambiando. Algunos arrecifes ya desaparecieron por completo y otros atraviesan procesos de transformación. Pero eso no significa que en el futuro no puedan existir arrecifes prósperos, explica MacGowan. La naturaleza tiene capacidad de recuperarse.
Por eso, sostiene que todas las personas tienen un rol importante en la construcción del futuro, ya sea mediante inversiones en soluciones comprobadas o tomando medidas frente al cambio climático. En su caso, el camino a seguir está claro: “No voy a bajar los brazos con la naturaleza”.
Timothy A. Schuler es escritor independiente y crítico de diseño. Sus trabajos aparecieron tanto en esta revista como en Landscape Architecture, Places Journal y otras publicaciones.
Max-o-matic, también conocido como Maximo Tuja, es un artista radicado en Barcelona que explora las posibilidades del collage contemporáneo. Para este artículo, combinó fotografías —de Jennifer Adler y otros autores— con formas abstractas y técnicas de pintura para crear obras que reflejan la urgencia, la importancia y la esperanza vinculadas con la restauración de los arrecifes de coral.
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