Ballena franca del Atlántico Norte nadando con su cría, una especie icónica en grave peligro de extinción. © Georgia Wildlife Resources Division
La neblina matinal se aferra a la superficie del agua mientras Carl LoBue guía una pequeña embarcación de investigación a través del aire húmedo y hacia el Atlántico abierto. Un grupo de delfines corta las olas con elegancia, y el resoplido brumoso de una ballena jorobada emerge como una bengala en la distancia. Para LoBue, científico marino y director de océanos en Nueva York para The Nature Conservancy, estos momentos son más que impresionantes: son señales de una recuperación que lleva décadas gestándose.
Ahora, ese renacimiento está impulsando un nuevo tipo de acción: Ojos en el agua: navegando con ballenas, un curso gratuito en línea diseñado para ayudar a los navegantes a desplazarse en forma segura por los hábitats de las ballenas. El curso interactivo, disponible en español y en inglés, simula un viaje por las emblemáticas vías navegables de Nueva York y enseña a los usuarios a reconocer el comportamiento de las ballenas, evitar colisiones y reportar avistamientos.
“Las ballenas están regresando», dice LoBue, mientras examina el horizonte. «Pero están volviendo a aguas que hoy son más transitadas que nunca. Necesitamos más ojos en el agua, atentos a las ballenas y comprometidos con garantizar mares más seguros para los capitanes, las tripulaciones y la vida marina.”
Peces pequeños, gran impacto: cómo los menhaden impulsaron el resurgimiento marino
LoBue ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar las complejas redes tróficas que sostienen a la vida marina y a las comunidades costeras. Uno de sus mayores logros ha sido impulsar protecciones para el menhaden del Atlántico, un pequeño y aceitoso pez esencial que alimenta a ballenas, delfines y aves marinas.
“Si queremos peces grandes, necesitamos peces pequeños de los cuales se alimenten”, suele decir. Esa filosofía ayudó a que The Nature Conservancy (TNC) promoviera con éxito una ley estatal en Nueva York, aprobada en 2019, que eliminó el uso de redes de cerco para capturar menhaden, una práctica que empleaba enormes redes para extraer masivamente este pez forrajero vital para la salud del ecosistema. La ley recibió un amplio respaldo de los pescadores de Long Island, los pescadores recreativos, capitanes de barcos chárter, científicos, comerciantes marítimos y entusiastas de la vida silvestre.
Basándose en ese impulso, TNC ayudó a lograr un cambio de política decisivo en 2020, (enlace en inglés) cuando la Comisión de Pesquerías Marinas de los Estados del Atlántico adoptó los puntos de referencia ecológicos, un enfoque basado en la ciencia que considera las necesidades de los depredadores al gestionar las poblaciones de peces. Esta decisión colectiva marcó un punto de inflexión. Al evaluar lo que el ecosistema necesita para prosperar, los científicos y los pescadores de Nueva York contribuyeron a restaurar un vínculo esencial en la red alimentaria marina.
A medida que los grandes cardúmenes de menhaden comenzaron a verse con mayor frecuencia a lo largo de las costas de Nueva York, la zona volvió a convertirse en un foco clave de alimentación para peces, aves marinas y mamíferos marinos. “Anticipábamos algo de esto cuando impulsamos las reformas de pesca de menhaden hace más de una década, pero ver ballenas jorobadas alimentándose regularmente a la vista en el horizonte de Nueva York no estaba entre mis primeras predicciones”, comenta LoBue.
Su regreso no se debe solo a la disponibilidad de alimento. También es resultado de más de 50 años de protecciones bajo la Ley de Protección de Mamíferos Marinos y la Ley de Especies en Peligro de Extinción, que han permitido que ballenas y delfines se recuperen y vuelvan a ocupar su hábitat. Hoy, los tours de avistamiento de ballenas desde varios puertos de Nueva York y Nueva Jersey están en auge, y los avistamientos en el puerto de Nueva York ya no son raros: un impresionante retorno a décadas de inversión y liderazgo en conservación.
Un océano cada vez más concurrido, un riesgo creciente
Pero el regreso de las ballenas ha coincidido con un aumento creciente de la actividad humana. Algunas zonas del océano frente a Nueva York y Nueva Jersey se asemejan ahora a vecindarios concurridos, con botes, barcos y aparejos moviéndose en todas direcciones. Y al igual que los niños que cruzan una calle transitada, las ballenas dependen de que nosotros reduzcamos la velocidad y prestemos atención.
“La creciente presencia de ballenas y delfines en esta región es un recordatorio poderoso de que las personas y la vida silvestre pueden compartir incluso los rincones más concurridos del océano”, añade LoBue. “Para que esta coexistencia perdure, los capitanes deben navegar con el mismo cuidado que tendrían al conducir cerca de un parque infantil o una zona escolar: atentos, pacientes y preparados para reaccionar”.
A medida que más ballenas aparecen con heridas causadas por golpes de embarcaciones y enredos con artes de pesca, queda claro lo frágil que puede ser este equilibrio. En agosto, una ballena minke de más de cinco metros murió tras colisionar con un bote en Barnegat Bay, frente a la costa de Jersey Shore. El impacto arrojó a un pasajero al agua y casi volcó la embarcación.
En febrero, investigadores avistaron a una ballena franca del Atlántico Norte y a su cría alimentándose cerca de cinco buques portacontenedores anclados en el Ambrose Channel, la vía marítima más transitada del puerto de Nueva York y Nueva Jersey. La madre tenía profundas cicatrices de hélice de un golpe previo, y su cría navegaba entre un laberinto de cascos de acero y ruido de motores.
Estos incidentes reflejan una tendencia preocupante. Las ballenas pasan gran parte de su tiempo cerca de la superficie, donde descansan, se alimentan y respiran. También es donde son más vulnerables. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y científicos independientes, las colisiones con embarcaciones y los enredos en artes de pesca son las principales causas de muerte de las ballenas, lo que amenaza a especies que van desde las ballenas jorobadas hasta la ballena franca del Atlántico Norte, en peligro crítico de extinción.
Ojos en el agua se creó para ayudar a los navegantes a evitar ambos riesgos, una solución oportuna respaldada por la ciencia y apoyada por quienes se preocupan por el futuro de nuestros océanos. (Disponible en español y en inglés).
Ojos en el agua: cómo funciona y qué aprenderás
El curso Ojos en el agua simula un viaje desde el parque estatal Captree hasta el puerto Great Kills, y enseña a los navegantes a detectar ballenas, comprender su comportamiento y comunicar los avistamientos.
“No se trata solo de evitar colisiones», explica LoBue. «Se trata de crear una comunidad de personas que entiendan el océano y quieran protegerlo. Al navegar, no solo estás conduciendo una embarcación, estas entrando en el hogar de alguien más. Cada onda, cada sonido, cada movimiento importa.”
LoBue y su equipo trabajaron estrechamente con agencias estatales, educadores y otros especialistas marinos para garantizar que el contenido académico del curso fuera preciso y accesible. Está diseñado para compartirse con facilidad: es lo suficientemente flexible como para incorporarse en los cursos aprobados de navegación segura de Nueva York, o para ser tomado por personas que ya completaron un curso de navegación, pero no recibieron capacitación específica sobre seguridad alrededor de ballenas.
Cada certificado obtenido representa a un navegante mejor preparado para proteger la vida marina. “Nadie quiere golpear a una ballena, y sin embargo sucede con demasiada frecuencia”, señala LoBue. “Estamos ayudando a los capitanes a hacer lo que ya desean hacer: reducir riesgos y usar el océano de manera responsable y segura”.
Obtén tu certificado
Aunque está diseñado para navegantes de la zona de Nueva York y Nueva Jersey, gran parte del curso es aplicable a navegantes de otros lugares costeros. (Disponible en español y en inglés).
Proteger la fauna marina a través de la educación y la conservación
El curso es solo una parte de una estrategia más amplia liderada por el equipo de Carl LoBue en TNC para garantizar hábitats más saludables para la vida marina y aguas más seguras para las personas. Su trabajo también incluye la restauración de arrecifes de moluscos y marismas saladas, la recuperación de praderas de zostera marina, el monitoreo de aves marinas y la reducción de la contaminación por nitrógeno en las aguas de Long Island (enlaces en inglés) acciones que, en conjunto, contribuyen a la visión de TNC de un océano saludable.
Quote: Carl LoBue
Al navegar, no solo estás conduciendo una embarcación—estas entrando en el hogar de alguien más. Cada onda, cada sonido, cada movimiento importa.
Bahías y estuarios más limpios significan más peces forrajeros. Y más peces significan más ballenas. Los navegantes informados ayudan a prevenir encuentros peligrosos. Esto es conservación en acción, impulsada por la ciencia, moldeada por la comunidad y sostenida por personas que creen en la protección de la naturaleza.
De regreso al agua, la radio de alta frecuencia de LoBue chisporrotea al encenderse. Un barco de avistamiento de ballenas que salió de Freeport busca confirmación de avistamientos. «Hola, capitán», responde LoBue. «Tenemos una ballena jorobada con una cría a 15 metros de profundidad frente a la rotonda». Tras observar detenidamente, sonríe, guarda su equipo y gira el barco hacia la costa.
“Están aquí,” dice. “Ahora solo tenemos que lograr que sigan aquí.”
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