A variety of vegetables for sale at a fresh market in Vietnam
Fresh Market Finds A variety of vegetables for sale at a fresh market in Vietnam © Julian Hanslmaier

Perspectivas

Más allá de lo sostenible: un sistema alimentario que restaure el planeta

La producción de alimentos es la mayor amenaza para la naturaleza: un sistema regenerativo lo cambiaría todo

Uno de los aspectos más devastadores del COVID19 es la forma en que socava las conexiones que mantienen unida a la sociedad. Las medidas de distanciamiento social requeridas para ralentizar la expansión de la enfermedad y que salvan vidas están, desafortunadamente, rompiendo muchos de los sistemas interconectados inscritos en nuestro mundo moderno.

Cuando hablamos de alimentos, estamos inherentemente hablando de conexiones, sea que se trata de las conexiones sociales que formamos al compartir una comida, o las conexiones entre todos los actores e industrias requeridas para cultivar, procesar y distribuir los ingredientes de esa comida. Hoy en día todas estas conexiones están siendo puestas a prueba.

Para verlo basta con pensar que, si los trabajadores enferman, esto puede llevar al desabasto y a una menor producción en el campo y en las instalaciones que procesan alimentos. Aún cuando sí se produjeran estos alimentos, los retos de transportarlos y de importarlos implican que la comida no siempre llega hasta nuestros anaqueles. Aún cuando la comida sí llega a los anaqueles, la gente que ha perdido sus empleos quizá no puede comprarla. El COVID19 ha puesto a la vista cuán vulnerables son nuestros sistemas alimentarios a una disrupción en cada punto de su viaje desde la parcela hasta el plato.

COVID has exposed just how vulnerable our food systems are to disruption at every point in the journey from farm to fork.
ESTANTES VACÍOS COVID ha expuesto cuán vulnerables son nuestros sistemas alimentarios a la interrupción en cada punto del viaje desde la granja hasta la mesa. © John Cameron

Por desgracia, el COVID19 está lejos de ser la única amenaza que enfrentan hoy en día nuestros sistemas alimentarios. Además de que los sistemas comerciales y económicos se han visto duramente sacudidos por la pandemia, hay otra capa de sistemas ecológicos que sostienen nuestra producción de alimentos. Debajo de cada uva y cada lenteja hay un mundo de microbios que enriquecen los suelos, de insectos polinizadores, de plantas que filtran el agua y una orquesta de vidas que dependen la una de la otra. Todas ellas están amenazadas por el cambio climático.

¿La próxima crisis alimentaria?

A diferencia del COVID19, las amenazas que supone el cambio climático no son nuevas, y se nos ha advertido una y otra vez de que nuestros sistemas de producción de alimentos no son sostenibles. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ha advertido de que el cambio climático ya está reduciendo nuestra producción de alimentos en las regiones más áridas, y que llegar más allá de los 1.5 grados centígrados por encima de los promedios preindustriales tendría impactos cada vez más severos en los sistemas alimentarios.

También hemos sabido por algún tiempo que la forma en que producimos la mayor parte de nuestros alimentos está haciendo que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad empeoren notablemente, y la agricultura es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, del 70% de la pérdida de agua dulce y del 80% de las pérdidas de hábitats. Ahora tenemos un círculo vicioso entre la producción de alimentos y la degradación de la naturaleza.

Debajo de cada uva y cada lenteja hay un mundo entero de microbios que enriquecen los suelos, de insectos polinizadores, de plantas que filtran el agua y una orquesta de vidas que dependen la una de la otra.

El COVID19 ha expuesto cuán rápidamente las disrupciones que sufren nuestros sistemas alimentarios pueden precipitar nuevas crisis. Si esperamos hasta que los impactos en el clima se hagan más severos y generalizados, probablemente será demasiado tarde para evitar que entremos en otra crisis global. Llegados a este punto no basta con producir más alimentos en forma que se minimicen los daños al planeta: debemos empezar a producir alimentos de forma que activamente restauren su salud.

En The Nature Conservancy (TNC) llamamos a esta idea “sistemas alimentarios regenerativos”. La idea es producir comida -sea en tierra o en el mar- de forma que activamente restaure el hábitat y proteja la biodiversidad dentro y en torno de las áreas productivas, al tiempo que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. En algunos casos, los sistemas alimentarios regenerativos pueden producir aún más alimentos que los sistemas tradicionales y -esto es clave- preservan los medios de vida de agricultores, pescadores, ganaderos y otros que trabajan para abastecernos de alimentos, ahora y a largo plazo.

  • clima

    25%

    La agricultura es responsible de un ¼ del las emisiones

  • agua

    70%

    La agricultura representa el 70% del uso de agua dulce

  • forestar

    80%

    La agricultura genera la mayoría de la pérdida de hábitat

Los sistemas alimentarios regenerativos:

  • Producen alimentos, ya sea en la tierra o en el mar, de manera que restauran activamente el hábitat y protegen la biodiversidad dentro y alrededor de las áreas de producción.
  • Reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Preservan los medios de vida de los agricultores, pescadores, ganaderos y otros que trabajan para proporcionar nuestros alimentos, ahora y a largo plazo.
Aerial views of Jose Palomo's Los Potrillos ranch in Becanchen. Palomo has adopted “silvopastoral” ranch practices.
YUCATÁN, MÉXICO El rancho Los Potrillos de José Palomo en Becanchen ha adoptado prácticas de rancho “silvopastoril”, que promueven el manejo forestal sostenible y logran una mayor producción. © Erich Schlegel

Sistemas alimentarios regenerativos

Para la mayoría de nuestros platos,  el viaje “de la parcela al plato” no es tan simple. Es más bien de la parcela (o del bote) al procesador, al distribuidor y de ahí al minorista, en un itinerario marcado por las finanzas privadas, los subsidios gubernamentales, el márketing a los consumidores y docenas de otros factores. Crear sistemas alimentarios regenerativos implica buscar un cambio a lo largo de todo ese camino. Para cambiar nuestros métodos de producción y hacer que regeneren la naturaleza en vez de degradarla, debemos cambiar los incentivos de mercado para que impulsen una mayor adopción de las prácticas productivas regenerativas, y debemos acelerar estos esfuerzos en áreas clave de producción global a lo largo de la próxima década.

Pero, ¿eso cómo se vería?

 

Regenerar la naturaleza: salud de los suelos y acuacultura

Empecemos con algo fundacional: el suelo bajo nuestros pies. El suelo no es solamente materia inerte. Un suelo saludable está lleno de organismos vivos que ayudan a generar los nutrientes que las cosechas necesitan para vivir. Sin embargo, muchas prácticas productivas convencionales degradan inadvertidamente la salud de los suelos a lo largo del tiempo, lo que a su vez puede reducir las cosechas. Echar fertilizantes, cuando están disponibles, puede compensar por la pérdida de nutrientes de los suelos, pero si se los aplica en el momento equivocado, o si no hay franjas vegetales amortiguadoras en torno a las parcelas, pueden darse escurrimientos a los cuerpos de agua cercanos, dañando los ecosistemas de agua dulce e inclusive los ecosistemas marinos, pues el exceso de nutrientes se abre paso hasta el océano y crea “zonas muertas” hipóxicas.

Adoptar prácticas como la labranza de conservación y el uso de coberturas vegetales puede restaurar la compleja biología de los suelos que es clave para la producción de alimentos a largo plazo, al tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y el escurrimiento de nutrientes. Con ello, ganan el productor, los ecosistemas locales y el clima. ¿Qué pasa cuando el exceso de nutrientes sí llega hasta el mar? Los sistemas alimentarios regenerativos también pueden ayudar en estos casos. Ciertas especies de acuacultura, como las ostras, filtran activamente el agua y asimilan el exceso de nutrientes, y de hecho mejoran la calidad del agua para otras especies en el área. De hecho, si se practica adecuadamente, la acuacultura ofrece muchos beneficios regenerativos: tiene las menores emisiones de gases de efecto invernadero de todas las formas de producción de alimentos, y las algas de acuacultura pueden inclusive usarse para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

The Cobb's Farm
LA GRANJA DE COBB Los cultivos de cobertura como los que crecen en esta granja de Texas ayudan a asegurar un suelo saludable que capture y almacene carbono © Ron Nichols / USDA-NRCS
IN LILLIWAUP, WASHINGTON
HAMA HAMA OYSTERS Hama Hama es una granja familiar que por cinco generaciones ha producido ostras en la Península Olímpica de Washington © Jenn Repp
LA GRANJA DE COBB Los cultivos de cobertura como los que crecen en esta granja de Texas ayudan a asegurar un suelo saludable que capture y almacene carbono © Ron Nichols / USDA-NRCS
HAMA HAMA OYSTERS Hama Hama es una granja familiar que por cinco generaciones ha producido ostras en la Península Olímpica de Washington © Jenn Repp

Incentivos financieros para una ubicación inteligente de cosechas

Las prácticas productivas, aunque son un punto de partida esencial, representan solo un elemento del sistema alimentario. Procesar, distribuir, vender y financiar son todos elementos que también determinan qué tan sostenibles son nuestros sistemas alimentarios. Basta con pensar en la soya, uno de los productos más ubicuos del mundo y uno de los principales motores del cambio de uso del suelo en los ecosistemas del Cerrado y del Chaco de Brasil y Argentia. La soya no tiene por qué remplazar el hábitat natural: hay mucha tierra que ya se había desmontado con anterioridad que puede usarse para la producción de soya. La clave está en generar los incentivos de mercado correctos para priorizar la producción en esos terrenos.

TNC trabaja con comerciantes globales, empresas de insumos y bancos para ofrecer financiamiento atractivo y de largo plazo para los productores que siembran su soya en tierras desmontadas con anterioridad. Puesto que la conversión del hábitat genera mayores temperaturas y otros impactos climáticos locales que reducen las cosechas de soya, evitar la deforestación  genera beneficios adicionales para los productores de toda la región, por no mencionar los beneficios de largo plazo de mitigar el cambio climático global.

En este momento, no es suficiente producir alimentos de manera que minimicen el daño al planeta; debemos comenzar a producir alimentos de manera que restauren activamente la salud del planeta.

Ganar en escala con acciones corporativas y políticas inteligentes

Estos cambios requerirán que las empresas más grandes del sistema alimentario global lideren activamente el camino. El sistema global de alimentos es vasto, y cada día contecta las decisiones de millones de agricultores, pescadores y consumidores, que de otra forma no tendrían que ver la una con la otra. Con todo, no hay duda de que las empresas más grandes tienen una enorme influencia a nivel global, especialmente cuando se trata de los sistemas de procesamiento y distribución que conectan a los productores con los consumidores.

Pensar que el cambio depende de que estas compañías lideren o no el camino puede resultar controversial para algunos. Después de todo, muchas de estas mismas compañías han creado un sistema alimentario global que acelera el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Ciertamente no todas las compañías están preparadas para hacer ese cambio fundamental hacia sistemas alimentarios regenerativos, pero hay unas cuántas que sí lo están haciendo, y que merecen nuestro apoyo y colaboración.

De hecho, el último mes ha visto una oleada de compromisos positivos de grandes corporaciones que trabajan en el sector alimentario. Apenas la semana pasada el grupo Syngenta expandió sus compromisos de sostenibilidad a través de un “Plan de Buen Crecimiento” que incluye la promesa de reducir las emisiones de carbono de las operaciones agrícolas de la empresa en un 50% y de ayudar a los agricultores a lidiar con los patrones climáticos extremos que ha traído el calentamiento global.

Los recientes compromisos de Syngenta vienen justo detrás de la inversión de mil millones de euros por parte de Unilever en un “fondo del clima y la naturaleza”, y del anuncio por parte de Wal-Mart a principios de este año de un Proyecto Gigaton, una iniciativa para evitar mil millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero de su cadena global de valor antes de 2030. Estas empresas no transformarán por sí solas el sistema alimentario global, pero no podremos conseguir una transformación significativa sin ellas.

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Un futuro major para la alimentación

Soy economista por formación, conservacionista por vocación y agricultor de corazón. Por todas estas razones, la reforma de los sistemas alimentarios es algo hondamente personal para mí. Es personal por la cercanía que siento con otros que se ganan la vida proveyendo alimentos. Es personal porque me preocupo profundamente por  el mundo natural, y sé que cambiar nuestros sistemas alimentarios es clave para tener un futuro positivo. Es personal porque he pasado gran parte de mi vida estudiando mercados, y estoy convencido de que son esenciales para impulsar el cambio al ritmo y la escala que necesitamos.

A table is set with foods grown or produced by some of the TNC partners who are working to make food more sustainable, New York City.
ALIMENTOS PARA RESTAURAR Se sirve la mesa con alimentos producidos por algunos de los socios de TNC que están trabajando para hacer que los alimentos sean mas sostenibles © Robert Clark

Los alimentos son mucho más que algo que comemos para sobrevivir. Son parte de cómo prosperamos. Compartir el pan y la sal es un ritual social – para muchos, un ritual sagrado – que trasciende el tiempo y la cultura. Cuando le preguntan a la gente sobre qué ha extrañado más en este tiempo de aislamiento impuesto por el COVID19, muchos dicen que extrañan compartir los alimentos con amigos y familiares.

Obviamente, si lo peor que has experimentado es perder las comidas compartidas, tú -como yo- estás entre los más afortunados, y eso quiere decir que todavía tenermos comida en nuestros hogares y buena salud y fuerza para disfrutarla. Pero eso no es algo con lo que ninguno de nosotros pueda contar indefinidamente si seguimos produciendo comida de forma que degrade el planeta y exacerbe el cambio climático.

Estamos ante una amenaza existencial, pero también ante una solución elegante anclada en la naturaleza. Sin embargo, el giro hacia un sistema alimentario regenerativo debe suceder rápidamente: en apenas una década. Esto requiere una innovación bien dirigida, coordinación global y la disposición a enfrentar intereses bien afianzados. El futuro que nos espera si no lo hacemos  es mucho peor que comer solo.