Una foto aérea de una enorme franja de selva tropical.
Esplendor oculto El Parque Nacional Peccary Hills es una de las muchas áreas protegidas que abarcan casi el 40% de Belice. © Lucas Bustamante

Proteger la tierra y el agua

Salvar la selva maya

Un acuerdo innovador ayuda a Belice a aumentar el total de sus tierras protegidas a casi el 40 %.

Por Brendan Borrell, escritor independiente | Invierno 2021

A bird perches on a branch surrounded by green leaves.
Vigilando Un motmot coronado de azul en Chan Chich Lodge. © Lucas Bustamante

En lo más profundo de la selva, la bióloga Elma Kay y yo vamos en un camión por un camino maderero recientemente abandonado, con los ojos escudriñando la maleza. Esta mañana, hemos visto ya un zorro descansando al sol y nos ha perseguido un pavo ocelado, pero lo que ambos anhelamos ver es un jaguar.

Estamos en el extremo oriental de la Selva Maya, de 37 millones de hectáreas, la mayor franja de selva tropical de América al norte del Amazonas, que se extiende por Belice, Guatemala y México. La Selva Maya cuenta con más de 400 especies de aves y 200 de árboles, así como con la mayor población de jaguares de Centroamérica. Sin embargo, en los más de 20 años que Kay, una incondicional de la escena conservacionista de Belice, lleva visitando esta meca de la biodiversidad, únicamente se ha encontrado con el escurridizo felino en cuatro ocasiones. Pero hemos recibido informes de avistamientos en la zona.

Bióloga  Elma Kay
LÍder La bióloga Elma Kay es la directora del Belize Maya Forest Trust. © Eva Lepiz

"No tienes garantizado que vayas a ver jaguares», dice Kay con su lírico acento mientras nos ponemos en camino esta mañana. «Pero si pasas una semana aquí, tus posibilidades son muy altas".

Estamos en julio y The Nature Conservancy y sus socios acaban de cerrar un acuerdo de 76,5 millones de dólares para proteger 95 505 hectáreas de selva tropical conocida como Bosque Maya de Belice. Junto con el área adyacente de Conservación y Gestión de Río Bravo, que TNC ayudó a establecer en 1989, el bosque servirá de base para una red de 4 451 542 millones de hectáreas de tierras protegidas que abarcan una superficie aproximadamente del tamaño de los estados de Vermont y New Hampshire (de EE. UU.) juntos, lo que equivale a casi un tercio de toda la Selva Maya.

A woman smiles as she stands near a tree and a blue pool of water.
Marcella Kelly La científica especializada en fauna salvaje Marcella Kelly es profesora en Virginia Tech. Supervisa las poblaciones de jaguares con cámaras trampa. © Eva Lepiz
A map of the protected area in the Belize Maya Forest.
CONEXIONES La selva maya de Belice, recientemente protegida, ayuda a consolidar una amplia red de 4 451 542 millones de hectáreas de tierra protegida que se extiende por Belice, Guatemala y México. © Mapping Specialists

Con el acuerdo más reciente, los beliceños han aumentado su superficie total protegida hasta cerca del 40 %. Los bosques tropicales actúan de valiosas reservas de carbono, y pueden aportar hasta una cuarta parte de la mitigación climática necesaria a nivel mundial para 2030 según el Acuerdo de París. En el plano local, este bosque contiene tres grandes cuencas hidrográficas que suministran al país alrededor de un tercio de su agua potable y una cuarta parte de su agua de riego.

Kay lleva mucho tiempo participando en la protección del medio ambiente en Belice. En 2010, cofundó el Instituto de Investigación Ambiental de la Universidad de Belice para formar a la próxima generación de gestores de recursos naturales. Ahora dirigirá el recién creado Belize Maya Forest Trust, que gestionará esta nueva y enorme área protegida.

Una rana arborícola verde está en las fauces de una serpiente con ojos de gato.
English Saving the Maya Rainforest An Una serpiente de ojos de gato del norte devora a una rana arbórea de ojos rojos dormida. © Lucas Bustamante

"TNC lleva 30 años trabajando en Belice para garantizar el equilibrio entre las personas y el medio ambiente", afirma Julie Robinson, directora del Programa de Belice de TNC. Los esfuerzos se han centrado en el desarrollo de la capacidad de los grupos locales para gestionar de forma sostenible sus recursos.

Y de repente, ocurre. Observando la carretera delante de nosotros, soy el primero en verlo: ese cuello. Incluso a plena luz del día, las manchas no son lo primero que se percibe de un jaguar. Es ese cuello, grueso como el de un luchador. Detengo el camión. El robusto depredador se queda ahí, de costado frente a nosotros, mirando fijamente. La criatura se da la vuelta y se aleja por la carretera. Suelto los frenos y dejo que el camión avance, con la esperanza de verlo más de cerca. El jaguar levanta la cabeza para mirarnos por última vez antes de desaparecer entre los árboles.

Aunque perdamos de vista al gran felino, sabemos que algo importante está ocurriendo en los bosques de aquí.

Un puma camina por un bosque de noche.
Sigilo Un puma juvenil deambula por el bosque nocturno. © Lucas Bustamante

Hasta hace unos años, parecía probable que este extraordinario lugar acabara destruido. A diferencia del Macizo Montañoso Maya, en el sur del país, que está salvaguardado por una red de parques y reservas nacionales, los bosques de otros lugares seguían en gran medida en manos privadas. Algunos bosques vecinos a la Selva Maya estaban desapareciendo a un ritmo alarmante.

Pero un terrateniente resultó ser un aliado sorprendente. Michael Bowen dirige los negocios de la familia Bowen, que es una de las mayores propietarias de tierras del país. La familia emigró de Inglaterra hace ocho generaciones y poco a poco fue adquiriendo una amplia cartera de empresas que van desde la mayor cervecería de Belice y una franquicia de embotellado de Coca-Cola hasta explotaciones ganaderas y madereras. Cuando el último patriarca de la familia, Barry Bowen, falleció en un accidente aéreo en 2010, Michael heredó el control del conglomerado empresarial, incluido el Chan Chich Lodge y el rancho vecino.

A LO LARGO Y ANCHO
Far and Wide La selva maya de Belice, recientemente protegida, ayuda a consolidar una vasta red de 4 451 542 millones de hectáreas de tierras protegidas que se extienden por Belice, Guatemala y México. © Lucas Bustamante

"Para mi padre era una granja de recreo", comenta Bowen una mañana en la sede de Bowen & Bowen Ltd. en Ciudad de Belice. Vestido con vaqueros ajustados y zapatillas de deporte amarillas, Michael señala que creció en Miami y que, aunque tenía buenos recuerdos de los ratos que pasaba con su padre en la selva, era un chico de ciudad hasta la médula. La sostenibilidad le importaba en teoría, pero no era un amante de la naturaleza. Al menos, todavía no.

Tras coger el timón como director general, el hijo con mentalidad empresarial se vio obligado a tomar algunas decisiones difíciles para racionalizar la empresa y mantener todas sus piezas unidas. A regañadientes, decidió vender la mayoría de sus terrenos, pero conservó la parcela llamada Gallon Jug, en la que se encuentra el Chan Chich Lodge, en el corazón de la selva maya de Belice. La decisión tuvo una carga emocional para la familia, pero Bowen pensó que el terreno maderero estaría en buenas manos con el nuevo propietario, una empresa estadounidense de tala sostenible llamada The Forestland Group.

Un hombre con una gorra de béisbol mira por encima de u
Al acecho El guardabosques Ernesto Velásquez en el puesto de vigilancia en la Selva Maya de Belice. © Eva Lepiz

El carbono financia el futuro de un bosque

Los árboles más grandes de la Selva Maya de Belice ascienden hasta una altura de 24 metros o más. A medida que sus verdes copas absorben el dióxido de carbono de la atmósfera, sus troncos se hinchan, reteniéndolo en su madera. Un árbol tropical medio puede absorber aproximadamente 15 kilos de carbono al año. Una vez maduro, el Bosque Maya de Belice retendrá más de 10 millones de toneladas de carbono. Si esta tierra se desbrozara para construir granjas o ranchos, gran parte de ese carbono se liberaría de nuevo. Pero gracias al histórico acuerdo alcanzado entre The Nature Conservancy y el Gobierno de Belice, este bosque se conservará a perpetuidad. Una vez que las reservas de carbono del bosque estén totalmente evaluadas y validadas por un tercero, podrán venderse como créditos en el mercado internacional de carbono a empresas y otras organizaciones para compensar sus emisiones.

En tan solo una pequeña porción de la vecina Área de Conservación y Gestión del Río Bravo, un proyecto de financiación del carbono financió una dotación de conservación de 2,5 millones de dólares y evitó la emisión a la atmósfera de más de 1,9 millones de toneladas de dióxido de carbono durante ocho años.

Según el acuerdo de TNC con el Gobierno, la venta de créditos de carbono en esta nueva reserva cubrirá la mitad de la compra del terreno y financiará una dotación de 15 millones de dólares para gestionar el bosque en el futuro.

"Esos créditos son nuestro billete para una conservación duradera», asegura Elma Kay, directora del Belize Maya Forest Trust. «No se puede tener una conservación duradera sin una financiación sostenible"

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A man crouches to work on a camera fastened to a tree trunk.
FOTOS Un hombre se agacha para trabajar con una cámara sujeta al tronco de un árbol. © Eva Lepiz

Sin embargo, Bowen no preveía el nivel de amenaza al que se enfrentaba ahora la tierra. Los bosques de Belice se pierden a un ritmo de casi el 1 % anual, y la tala, la ganadería y la agricultura ilegales se producen incluso dentro de la red de áreas protegidas del país. Y aunque The Forestland Group había sido un administrador responsable de los bosques de sus tierras, volvió a poner la propiedad en venta ocho años después de comprarla. Bowen sabía que los posibles compradores serían la comunidad menonita vecina.

En Belice viven unos 12.000 menonitas, que se cuentan entre los agricultores más prósperos de la región, ya que utilizan equipos modernos y practican una agricultura industrial a gran escala. Bowen ya había visto cómo se talaban decenas de miles de hectáreas de bosque en Belice para dejar paso a hileras de maíz y soja, y temía que Chan Chich se convirtiera en una simple «isla de bosque» en un mar de tierras de cultivo. Y aunque el sector agrícola de Belice ha proporcionado una seguridad alimentaria fundamental y beneficios económicos durante la pandemia, estos beneficios han tenido un alto coste.

Las hormigas marchan cargando hojas cortadas.
GRANJA DE HORMIGAS Las hormigas cortadoras de hojas trabajan con ahínco en Chan Chich Lodge. © Lucas Bustamante

En 2014, Bowen empezó a hablar con el ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, Hank Paulson, y su mujer, Wendy, que llevaban mucho tiempo visitando Chan Chich. Ambos eran conservacionistas comprometidos y antiguos miembros de la junta directiva mundial de TNC. A lo largo de los cinco años siguientes, se formó una coalición de más de una docena de grupos y fundaciones conservacionistas, como TNC, la Bobolink Foundation de los Paulson, The Rainforest Trust y The Wyss Foundation. Tenían que idear una estrategia no solo para comprar la propiedad, sino también para garantizar que pudiera gestionarse adecuadamente en el futuro, trabajando con socios locales como Bowen y el Instituto de Investigación Medioambiental de la Universidad de Belice.

A lo largo de 2020, la pandemia y las consiguientes restricciones a los viajes ahogaron la economía beliceña, centrada en el turismo. Sin embargo, en diciembre, los grupos conservacionistas habían conseguido los fondos necesarios para comprar la tierra. A continuación, se llegó a un acuerdo con el Gobierno de Belice que permitiría al Belize Maya Forest Trust vender créditos de carbono para cubrir la mitad del coste de compra de la propiedad y, lo que es más importante, establecer una dotación para apoyar la gestión sostenible del bosque. El apoyo del Gobierno a este acuerdo, en un momento en el que la economía del país se ha visto muy afectada, indica el reconocimiento de que la naturaleza debe formar parte del desarrollo sostenible del país. 

"Fue un año realmente difícil para el mundo", señala Julie Robinson, del TNC." Luego conseguimos esta enorme victoria".

Un mono de pelaje oscuro cuelga de una rama frondosa.
PASANDO EL RATO Un mono araña de Geoffroy en los árboles cerca de La Milpa Lodge en el Área de Conservación del Río Bravo. © Lucas Bustamante

Un par de días después de mi avistamiento de jaguares con Kay, me reúno con Jeff Parrish, director global de protección de la naturaleza de TNC, que ha venido desde Estados Unidos para ver la Selva Maya de Belice. Subimos los escalones de entrada a La Milpa, un yacimiento arqueológico maya en el Área de Conservación y Gestión de Río Bravo. Nos situamos en el centro de la ciudad en ruinas, con pirámides enterradas que se elevan hasta la copa de los árboles. Parrish parece encantado de que no solo Río Bravo sino también la Selva Maya de Belice estén ahora protegidos. «En TNC hablamos mucho de hectáreas y acres, pero detrás de cada hectárea hay algo con dos ojos, dos orejas, una nariz y una boca», dice. «Es satisfactorio estar aquí y sentirlo como algo real, ver lo que hay detrás de todos esos números». En ese momento, y como si respondiesen a una señal, una familia de coatimundis de nariz puntiaguda pasa correteando.

Aun así, Parrish sabe que el trabajo aquí está lejos de haber concluido. Antes, Robinson nos había llevado a una escarpadura en el límite de la propiedad para tener una visión más clara de las amenazas a las que todavía se enfrenta la zona protegida. Era un día claro y caluroso. Un buitre real sobrevolaba la zona. Contemplamos las tierras de labranza recién plantadas, que parecían, curiosamente, iguales a las del centro de Iowa. Debajo de nosotros, en la base de la escarpadura, podíamos ver una sucesión de sumideros rebosantes de agua dulce: las piscinas sagradas de Cara Blanca, un lugar de peregrinación para los mayas. Tan solo una estrecha franja de bosque las separaba de los campos de cultivo.

Una escultura tallada se puede ver a través de frondosas ramas.
TALLADO EN LA HISTORIA Aparece a la vista una escultura maya en una de las ruinas de la zona. La selva aún esconde muchos vestigios de la civilización maya que vivió en Belice, a partir del año 1500 antes de Cristo. © Lucas Bustamante

Robinson señaló dos estanques de color café con leche. Antes de que se talaran los bosques y se desgarrara la tierra, eran de aguas cristalinas, dijo. Estos estanques desembocan en sistemas fluviales en los que la tortuga de río centroamericana, conocida como tortuga blanca, ya está en peligro crítico de extinción por la sobreexplotación de su carne. Al observar los daños en el paisaje, Parrish hizo una mueca.

Él y Robinson sabían que la parte más importante del nuevo trabajo de Kay consistiría en establecer fuertes vínculos con las nueve comunidades que bordean el parque, incluidos los menonitas. Dado que sus tierras forman la mayor zona de amortiguación y poseen varias vías de acceso a la propiedad, ya estaban demostrando ser socios valiosos a la hora de impedir que los cazadores furtivos y los madereros ilegales accedieran al bosque. La esperanza es involucrar aún más a su comunidad en el avance hacia una agricultura más sostenible que promueva beneficios económicos, seguridad alimentaria local y resiliencia ante el cambio climático.

Una ruina maya está escondida por plantas en el bosque.
SENDA AL FUTURO Acuerdos de conservación como éste, que protegen no sólo la naturaleza, sino también lugares de importancia cultural como estas ruinas mayas cerca de Chan Chich Lodge, podrían ayudar al reencuentro de las culturas nativas con sus tierras ancestrales. © Lucas Bustamante

Una de las comunidades más antiguas se manifestaba ya ansiosa por embarcarse en el proyecto. David Requena, presidente de la aldea de Yalbac, situada fuera de la reserva, tiene grandes esperanzas en la asociación con el Belize Maya Forest Trust. Requena es cultivador de coco, mientras que los otros 200 habitantes de su aldea se dedican a la agricultura a pequeña escala, pero todos están profundamente preocupados por la creciente amenaza de contaminación del agua por parte de las grandes explotaciones. "Debe haber un equilibrio entre la agricultura y la conservación", afirma.

Requena señala que ha conservado parte de su propio terreno como bosque autóctono. "Tengo mi propia parcela que estoy conservando", dice, radiante. "Eso es algo que quiero ver no solo para nosotros, sino para todo Belice".

Un hombre trabaja en una computadora y una pantalla muestra una foto de cámara trampa de un jaguar.
CAPTURADOS David Lugo y Marcella Kelly descargan fotos en sus ordenadores. © Eva Lepiz

Este era exactamente el tipo de sentimiento que Kay esperaba fomentar. "Compramos la tierra y ahora tenemos 10 años de compromiso por delante", dice. El cese de la tala en el bosque significa que algunos aldeanos han perdido sus puestos de trabajo, por lo que ella quiere demostrar que este acuerdo puede beneficiarles de algún modo. 

"Y, sí, yo también quiero esto para mí", dice Kay. "Quiero tener jaguares y todo lo demás. Quiero que esos árboles de caoba lleguen a ser tan grandes como los árboles de caoba que los británicos sacaron de este lugar". 

Puede que eso ocurra dentro de varias décadas, pero la idea de que el poderoso bosque permanezca intacto en el futuro le llena de satisfacción. "Eso", dice, "va a ser increíble".

Brendan Borrell es corresponsal de la revista Outside, con residencia en Los Ángeles. Sus escritos también han aparecido en Scientific American, National Geographic y muchas otras publicaciones.

SEGUIMIENTO DEL ESCURRIDIZO JAGUAR En la selva maya de Belice, un equipo dirigido por la profesora Marcella Kelly, especialista de Virginia Tech en fauna silvestre, utiliza cámaras trampa para entender los movimientos de uno de los principales depredadores de la selva: el jaguar.