Una angosta cascada cae desde un barranco en un bosque frondoso
LOS PULMONES DE LA NATURALEZA Bosques como estos en Chapada dos Guimarães, Brasil, absorben cantidades masivas de dióxido de carbono de la atmósfera. © Carlos Goulart

Hacer frente al cambio climático

Captura de carbono

Talar bosques contribuye al cambio climático. Pero restaurar la naturaleza, en todo tipo de paisaje, es una herramienta poderosa en la carrera por detener el cambio climático.

Los bosques de la Sierra de la Mantiqueira en Brasil, o al menos lo que queda de ellos, pueden invitar a un juicio apresurado. La región de Mantiqueira, que se extiende a lo largo de 200 millas cerca del límite con el estado de São Paulo, es parte de la Mata atlántica, que alguna vez fue vasta. Siglos atrás, este bosque tropical famoso por su diversidad abarcaba un área dos veces mayor que Texas, en una franja de norte a sur paralela a la costa. En la actualidad, las laderas de las montañas de la Mantiqueira aparecen casi desnudas de árboles, cubiertas de pasturas para ganado y granjas. “Tenemos solo el 12 por ciento de la Mata atlántica original”, dice Rubens Benini, un científico de Nature Conservancy que trabajó durante 22 años en la restauración de los bosques de Brasil. “Y está muy fragmentado”.

La historia de la región de Mantiqueira es un cuento clásico de destrucción ambiental generalizada en nombre del progreso económico. Pero la historia de los bosques tropicales de la región aún no termina.

Hace más de una década, el gobierno de Extrema, una municipalidad en el límite de la región de Mantiqueira, comenzó un programa de plantación de árboles como parte de un esfuerzo por ayudar a garantizar el suministro de agua. El nombre Mantiqueira proviene de una palabra indígena que significa “donde yacen las nubes”. Los picos de las montañas albergan miles de manantiales y riachuelos, cursos de agua que suministran agua a São Paulo y Río de Janeiro. Los bosques ayudan a retener agua en los suelos y reducen la velocidad de la caída de agua en riachuelos y ríos. Sin los bosques, los riachuelos de Mantiqueira ahora pasan drásticamente de un alto caudal en la temporada lluviosa a un bajo caudal en las épocas de sequía. Después de que el trabajo en Extrema ayudó a moderar el caudal de algunos riachuelos, los granjeros y hacendados locales se unieron al esfuerzo de reforestación, al igual que TNC. Desde el año 2005, el proyecto ha replantado aproximadamente 5000 acres de bosque, y la plantación continúa.

En el año 2016, Brasil firmó el Acuerdo de París y prometió disminuir, para el año 2030, sus emisiones al 43 por ciento por debajo del nivel de 2005. Para Benini, ese compromiso posicionó al esfuerzo de Extrema en un nuevo lugar. Extrema había replantado árboles para proteger sus aguas pero, a su vez, esos mismos árboles absorbían dióxido de carbono todos los días. ¿Qué sucedería si hubiese varias docenas más de Extremas? ¿O cientos? Brasil podría cumplir parte de su compromiso climático y resistiría mejor a las sequías futuras mediante la plantación de árboles en sus tierras marginales que alguna vez fueron bosques.

Desde entonces, Brasil estableció un objetivo de reforestar 30 millones de acres en todo su territorio, parte de un creciente reconocimiento general respecto de que la naturaleza misma puede ayudar a las naciones a cumplir con sus compromisos climáticos. Los bosques, humedales y suelos, administrados inteligentemente, tienen la capacidad de almacenar carbono. Los propios investigadores de Conservancy fueron los primeros en brindar una visión integral respecto de lo que podría lograrse con una buena conservación y cambios en la administración del suelo, no solo en los bosques sino también en todos los tipos de paisajes.

La respuesta resultó ser un montón.

Benini ahora dirige la estrategia de restauración forestal de TNC para América Latina. Sigue estando a la cabeza de una iniciativa ambiciosa para ayudar a Brasil a llevar el modelo de Extrema a otras 283 municipalidades y, de esta manera, restaurar aproximadamente 3 millones de acres de bosque. Hacer esto requerirá ayuda de patrocinadores internacionales pero tal inversión valdrá la pena, dice Benini. La iniciativa quitará aproximadamente 280 millones de toneladas de exceso de dióxido de carbono de la atmósfera en 30 años, el equivalente a las emisiones de más de 55 millones de automóviles, y cumplirá con el 10 por ciento del objetivo de reforestación de Brasil.

“Esta es una nueva manera de mirar el paisaje”, dice Benini. “Cuando hablamos de restauración, no solo hablamos de recuperar los bosques. Hablamos de enfrentar el cambio climático”.

Un hombre planta árboles en las montañas de la Mantiqueira
La máquina verde Replantar bosques, como Vinicius Uchoa lo hace aquí en las montañas de la Mantiqueira, es una poderosa estrategia climática. © Robert Clark

Durante una caminata en uno de los primeros días de la primavera cerca de su hogar en Harrisonburg, Virginia, Bronson Griscom habla sobre los hallazgos de la investigación de su equipo de una manera como si se estuviera despertando de un sueño profundo. Durante mucho tiempo, el director de ciencia del carbono de bosques de TNC, un ecologista de bosques tropicales por formación, ha tenido un presentimiento respecto de que la naturaleza era una parte importante de la solución para el cambio climático.

Griscom encontró una significativa recopilación de investigaciones publicadas que evalúan maneras específicas de usar la naturaleza para luchar contra el cambio climático, ya sea mediante la restauración forestal o la creación de granjas que imiten la naturaleza con mayor semejanza. Pero, Griscom dice: “Estuve revisando esto [la investigación], pensando, ‘Todos están observando esto desde distintos ángulos pero nadie se centra realmente en la pregunta: ¿Cómo se integra todo esto?’ Esa pregunta aún no ha sido respondida en un nivel integral”.

En el año 2014, Justin Adams, director ejecutivo global de TNC para las tierras, hizo la misma pregunta en una reunión. Luego, Griscom se le acercó. “Me preguntaba si podríamos hacer un pequeño documento de revisión sobre esto”, dice Griscom. Recuerda que pensaba: “Será divertido. No es una gran cosa. Simplemente repasar algunos números”.

Adams lo instó a que lo hiciera pero le aconsejó, tal como lo expresó Griscom, “Esto es una gran cosa y debemos hacerlo bien”.

La búsqueda para obtener los números rápidamente daba la sensación de una expendición científica. Los sistemas naturales son mucho más desordenados que los sistemas diseñados. Al calcular simplemente la cantidad de carbono que puede absorber un acre de pradera con clima seco, Griscom aprendió “es bastante más complicado que calcular los beneficios climáticos de una turbina eólica”.

Tuvo que contratar a un equipo de personal adicional y le llevó dos años de horas extra y fines de semana, además de un análisis de las técnicas estadísticas esotéricas como las simulaciones de Monte Carlo, curvas de costos marginales de abatimiento y el método Delphi para la consulta de expertos, para arribar finalmente a una respuesta.

En el año 2017, Griscom y su equipo calcularon en el documento Proceedings of the National Academy of Sciences (Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias) que las soluciones climáticas naturales pueden brindar el 37 por ciento de las reducciones de carbono necesarias para cumplir con los objetivos del acuerdo climático de París, además de proporcionar aire limpio, agua y hábitat para la vida silvestre.

“Solemos pensar a la naturaleza como una víctima”, dice Griscom. “Pero se presta menos atención a la increíble resiliencia y al poder de la naturaleza para curar. No se presta suficiente atención a la capacidad de la naturaleza para resolver problemas”.

Los hallazgos destacan las acciones en tres amplios frentes (“El camino verde hacia un clima estable”, en la página siguiente). Uno comprende lo que muchos conservacionistas adivinaron intuitivamente: En muchos lugares, mantener la naturaleza intacta ayuda a absorber el carbono de la atmósfera. Dejemos los bosques tropicales como están, los pantanos costeros sin desarrollar y la vegetación de esos lugares seguirá creciendo y almacenando carbono.

Una segunda e interesante estrategia se centra en la administración de las tierras de cultivo, tales como granjas, haciendas y bosques maderables, teniendo en cuenta el carbono. La contribución en términos de carbono es inferior a la de la restauración pero la estrategia se puede aplicar en grandes áreas sin sacar de producción las tierras ni causar daños en las economías locales. La clave está en hallar la combinación correcta de incentivos para persuadir a los productores y terratenientes locales a cambiar la manera de administrar las propiedades bajo su cuidado.

La tercera estrategia es restaurar los sistemas naturales que han sido dañados o destruidos, tal como Benini y sus colegas esperan hacer en Brasil. Replantar bosques ofrece un enorme potencial para capturar carbono. Pero restaurar otras tierras, praderas, humedales, manglares y hasta algas marinas, también ayuda considerablemente al panorama climático.

Además, el documento arriba a una verdad omitida respecto de los objetivos del acuerdo climático de París. Eliminar las emisiones de gas de efecto invernadero de los combustibles fósiles es muy importante pero la reducción de las emisiones no será suficiente para mantener el aumento de temperatura bien por debajo de los 2 grados Celsius para el año 2030. La humanidad necesita descubrir cómo absorber todo el carbono que ya está en la atmósfera y Griscom cree que sus hallazgos ofrecen un panorama claro para la acción.

Dice: “Nada es tan bueno como la vida para absorber el carbono en la atmósfera. No tenemos una máquina que sea tan buena como la vida”.

Infografía

El camino verde hacia
un clima estable

Debemos reducir 30 gigatoneladas por año de emisiones de carbono para el año 2030 si queremos mantener los aumentos de temperatura bien por debajo de los 2 grados Celsius, (3,6 grados Fahrenheit). La naturaleza puede reducir más de un tercio de las emisiones necesarias para lograr este objetivo si los países invierten en bosques, praderas, humedales y granjas que almacenen carbono.

Debemos reducir 30 gigatoneladas por año de emisiones de carbono para el año 2030 para mantener un clima estable. La naturaleza puede ofrecer más de un tercio de este objetivo.

Asuntos importantes

Una gigatonelada equivale a 1000 millones de toneladas métricas, el equivalente a aproximadamente 3000 edificios Empire State. Las cifras de carbono que figuran a continuación están en millones de toneladas métricas.

Haga clic aquí para ver la infografía

19 gigatoneladas

Energía limpia

Tierra

Naturaleza

11 gigatoneladas

De las 30 gigatoneladas de exceso de carbono en la atmósfera cada año, 11 gigatoneladas podrían eliminarse utilizando la propia naturaleza.

Asuntos importantes

Una gigatonelada equivale a 1000 millones de toneladas métricas, el equivalente a aproximadamente 3000 edificios Empire State. Las cifras de carbono que figuran a continuación están en millones de toneladas métricas.

Proteger
3994
Administrar
3696
Restaurar
3631
Proteger bosques
 
Proteger humedales
 
Proteger praderas
 
Administrar mejor los bosques maderables
 
Administrar mejor las tierras de cultivo
 
Administrar mejor los terrenos de pastoreo
 
Restaurar bosques
 
Restaurar humedales
Proteger
bosques3007
 
Proteger
humedales952
 
Proteger
praderas35
 
Administrar mejor los bosques maderables1275
 
Administrar mejor las tierras de cultivo1936
 
Administrar mejor los terrenos de pastoreo485
 
Restaurar
bosques3037
 
Restaurar
humedales594
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Proteger bosques
 
Proteger humedales
 
Proteger praderas
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Administrar
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Administrar mejor los bosques maderables
 
Administrar mejor las tierras de cultivo
 
Administrar mejor los terrenos de pastoreo
Administrar mejor los bosques maderables1275
 
Administrar mejor las tierras de cultivo1936
 
Administrar mejor los terrenos de pastoreo485
Restaurar
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Restaurar bosques
 
Restaurar humedales
Restaurar
bosques3037
 
Restaurar
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No se necesita ir tan lejos al norte de Nueva York para encontrar un ejemplo de cómo el análisis de Griscom se puede llevar a la práctica. Aquí, TNC está ayudando al Consejo del Agua de Albany (Albany Water Board) a encontrar una forma de intensificar de una manera rentable la capacidad de almacenamiento de carbono en aproximadamente 6500 acres de bosque de la ciudad cuyo único potencial para generar dinero en el pasado era como madera.

“Históricamente, el bosque se usó para cubrir los huecos fiscales”, dice Troy Weldy, director principal de conservación de TNC en Nueva York. Destaca que Albany está casi sola en esta práctica. Muchas ciudades desmontan sus tenencias de tierras para obtener efectivo y poder complementar sus presupuestos.

Tras la decisión de EE. UU. de retirarse del acuerdo de París en el año 2017, el alcalde de Albany, Kathy Sheehan, se comprometió a participar de la promesa que el gobierno de EE. UU. acababa de abandonar. Al mismo tiempo, TNC estaba buscando socios que lo ayudaran a desarrollar un nuevo modelo para determinar la manera en que los propietarios de bosques maderables deben administrar sus tenencias de bosques.

Bajo un nuevo plan centrado en el carbono y desarrollado por TNC, el bosque de Albany comenzó a mirarse cada vez menos como madera estancada y cada vez más como créditos de carbono. “Mantenemos los árboles en el suelo durante períodos más prolongados de manera que crezcan árboles más grandes”, dice Weldy. “Y, a medida que el bosque madura, absorbe y almacena más carbono”. Mediante el uso de certificaciones de terceros y mercados existentes de carbono, como aquellos en California y Quebec, Albany puede ganar créditos por el carbono extra que está almacenando y vender esos créditos a compradores que buscan compensar sus propias emisiones.

Además de ganar créditos, árboles más grandes también ofrecen más ganancias a partir de las ventas de madera cuidadosamente planificadas que se producen. Los árboles más grandes se pueden destinar mucho mejor al uso como madera en la construcción. “Si talas un árbol, lo laminas y lo usas en una casa, el carbono queda almacenado”, dice Weldy. “El ciclo de vida de una casa será de 100 a 200 años y el carbono seguirá atrapado durante ese período”. Por el contrario, la tala de árboles más pequeños generalmente se destina a leña y este proceso devuelve inmediatamente el carbono almacenado a la atmósfera cuando se quema.

Se está mejorando para convertirse en un cambio que tenga sentido financiero. Cuando TNC calculó los posibles ingresos para la autoridad de aguas, dice Weldy, “nuestra conservadora estimación fue de medio millón de dólares en 10 años si se deja que los árboles crezcan más”. Ahora, con un inventario de bosques más detallado y la decisión de Albany de incluir más tierras, Weldy cree que el nuevo esquema de administración puede ofrecer cerca de
$1 millón de dólares para las arcas de la ciudad.

Una mujer cuida a un bambú cerca de Maragua, Kenia
Cosechar combustible Julia Wangari es parte de un proyecto de TNC que está probando 10 variedades de bambú, nuevos hornos de carbón y cocinas ecológicas para producir un combustible de madera más sustentable. © Tate Drucker

Observar los esfuerzos de conservación con lentes “climáticos” puede impulsar proyectos en nuevas direcciones, según los impulsores económicos que afectan las decisiones sobre el uso de las tierras. 

En lugares con amplios bosques, mantener los árboles se convertido en una cuestión de suma importancia y eso ha permitido poner una renovada atención en el fortalecimiento de las comunidades indígenas para administrar sus tradicionales tierras. Por ejemplo, en Columbia Británica, la selva tropical Great Bear posee uno de los almacenamientos de carbono más grandes del mundo. Aquí, TNC trabajó con 27 naciones originarias para ayudarlas a obtener sus derechos de administrar gran parte de sus territorios tradicionales y capacitar a una nueva generación de líderes y emprendedores en la administración de bosques sustentables. Estas comunidades indígenas concretaron un acuerdo con el gobierno canadiense y el gobierno provincial en el año 2016, después de más de una década de planificación y negociación. El acuerdo establece 9 millones de acres de selva como zona prohibida para la explotación forestal y establece millones de acres más bajo las estrictas pautas de administración forestal.

En Indonesia, donde la forestación ha jugado un papel importante en el crecimiento económico durante las últimas cinco décadas, Griscom de TNC ayudó a desarrollar técnicas para minimizar la cantidad de carbono emitido durante operaciones de deforestación legales. Cambios simples, que principalmente garanticen que solo se talarán árboles con valor económico, pueden reducir las emisiones a la mitad. Este año, el gobierno de Indonesia adoptó este sistema para usarlo en todo el país y TNC lo está adaptando para usarlo en México, Perú, Gabón y Surinam.

Las granjas y las haciendas también ofrecen mucho potencial. “Esto no requiere necesariamente repensar lo que se está produciendo en las tierras de cultivo”, dice Griscom. “Pero sí es necesario repensar nuestras prácticas sobre estas tierras”.

Por ejemplo, ciertas prácticas como la plantación de cultivos de cobertura entre las temporadas de crecimiento incrementan la cantidad de carbono almacenado en el suelo. Obviamente, las grandes ganancias con bajo costo en la agricultura podrían lograrse si simplemente se usaran correctamente los fertilizantes. Las plantas pueden absorber solo una cierta cantidad de nitrógeno de manera que los granjeros aplican demasiado fertilizante basado en nitrógeno, lo que genera costos innecesarios en tiempo y dinero. Peor aún, el fertilizante reacciona con el aire y forma óxidos nitrosos, que son un potente gas de efecto invernadero.

De la misma manera, ciertos cambios pragmáticos en la administración de pasturas, por ejemplo, dejar que el pasto se recupere entre episodios de pastoreo, pueden ayudar. En Kenia, TNC ha estado trabajando con Northern Rangeland Trust durante una década para crear normas respaldadas por la comunidad en torno a la manera en que se administran las praderas comunales. Al darles a las pasturas más tiempo para recuperarse, los propietarios del ganado acumulan la cantidad de pasto en el suelo, una ventaja que es buena para el rebaño, buena para las pasturas y perceptivamente buena para almacenar más carbono.

Una mujer cosecha bambú en el emplazamiento del programa Kenya Fuel Woods
Cosecha saludable Los trabajadores en Kenia cosechan bambú maduro. Iniciativas como estas que son inocuas para el clima ayudan a mejorar la salud y la vida de la humanidad. © Tate Drucker

La ecuación del carbono les ha dado a muchos conservacionistas un entusiasmo renovado para la protección del hábitat. Los humedales costeros, por ejemplo, manglares, marismas de agua salobre y algas marinas, almacenan carbono en suelo donde el agua lo sella. Drene o desarrolle estas áreas y “serán cientos de años de carbono liberado a la atmósfera”, dice Emily Landis, líder estratégica de humedales costeros de TNC.

Por el contrario, mantener el mismo hábitat intacto tiene sentido para el clima. Los bosques de los manglares pueden almacenar hasta cuatro veces más carbono por hectárea que los bosques territoriales. Los manglares también ayudan a proteger a las comunidades costeras de las tormentas.

En ese aspecto, proteger los manglares, por ejemplo, usando menos fertilizante en los campos, mejora la vida de las personas.

En Brasil, Rubens Benini ha sido testigo de esa dinámica. A solo cuatro años de iniciar el trabajo de restauración in situ en las montañas de la Mantiqueira, Benini comenzó a ver evidencias de grandes mamíferos como pumas que volvían a las áreas reforestadas.

“He pasado casi toda mi vida trabajando en esto”, dice. “Cuando vemos regresar a los animales que imaginábamos que habían desaparecido completamente de la región, es una sensación muy linda. Pero cuando entras a un bosque restaurado y ves los animales, el agua limpia y los ríos, todo el panorama, la sensación es sumamente increíble”.