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Perspectivas

Paisajes bioalimentarios para personas y naturaleza

Mapeo de la diversidad de la producción de alimentos en todo el mundo para informar la transformación de los sistemas alimentarios

¿Qué se necesita para producir alimentos? Piensa en capas que se superponen desde el suelo en dirección ascendente. La capa inferior es la geografía física –quizás una amplia llanura que desciende suavemente hacia la cuenca poco profunda de un río. El suelo de la llanura es rico en humus, y en él abundan el carbón, el calcio y el magnesio. Una capa de esas características en un clima húmedo con copiosas lluvias desde junio hasta septiembre, ofrece las condiciones necesarias para la producción de trigo y arroz en el norte de la India.

O tal vez no se trate de una llanura, sino de una serie de cadenas montañosas o valles surcados por ríos, como sucede en el sur de España, donde los alimentos se cultivan en terrenos de fácil drenado en regiones donde veranos secos y cálidos e inviernos templados y húmedos sustentan los olivares y los campos de almendros donde pastan rebaños.

O tal vez podemos comenzar por el mar, a lo largo de la plataforma continental del este de los Estados Unidos, donde las rocas y los arrecifes ofrecen la posibilidad de adquirir mariscos y en los ríos y estuarios hay un flujo constante de nutrientes –alimento para colonias de ostras en crecimiento, que a su vez sirven como criaderos de peces destinados a la pesca comercial y deportiva.

La necesidad de alimentos puede ser una constante universal, pero la manera de producirlos es diferente en las distintas partes del mundo –especialmente cuando se combinan prácticas agrícolas específicas, las fuerzas del mercado, los retos de la distribución, las políticas públicas y las comunidades y culturas locales.

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Comprender la diversidad que respalda nuestro sistema alimentario global es el primer paso para modificarlo –y es muy necesario que se produzca un cambio transformador. Cada vez hay mayor conciencia de que esta transformación es necesaria para alejarse de un sistema que enfrenta las necesidades humanas con la naturaleza –en detrimento de ambas- y cambiarlo por otro que apoye la salud de las personas y del planeta. Sin embargo, la transformación global comienza por el cambio local. Pensar en un cambio de sistemas en el nivel del paisaje alimentario puede ayudar a tender puentes entre la ambición global y la implementación local.

¿Qué son los paisajes bioalimentarios?

Los paisajes bioalimentarios son los fundamentos de los sistemas alimentarios globales. En el nuevo informe Foodscapes: Toward Food System Transition (Paisajes bioalimentarios: hacia la transición en el sistema alimentario) —una colaboración entre The Nature Conservancy (TNC), el International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA), y SYSTEMIQ— un paisaje bioalimentario se define como una geografía diferente de producción de alimentos, con combinaciones específicas de características biofísicas y atributos de gestión.

¿Qué es un sistema alimentario?

Un sistema alimentario es la compleja red de actividades, y las creencias y valores que dan forma a estas actividades, asociadas con la producción y el consumo de alimentos. Esto incluye la producción, procesamiento, transporte, preparación, consumo y eliminación de alimentos.

La distribución de alimentos es un proceso global complejo guiado por la demanda del mercado: Argentina exporta carne a China, que vende tilapia a los Estados Unidos, que envía trigo a Indonesia, que a su vez exporta aceite de coco a los Estados unidos y China. Incluso la producción de alimentos, que puede parecer esencialmente local, está influenciada por sistemas biofísicos, económicos, políticos y comunitarios que atraviesan fronteras locales, regionales o internacionales. Un paisaje bioalimentario es la intersección e interacción de todos estos sistemas en un espacio definido geográficamente.

Este informe presenta un nuevo mapa global de más de 80 clases de paisajes bioalimentarios que fueron identificados utilizando los conjuntos más disponibles de datos globales sobre los factores que impulsan la producción de alimentos (como el tipo de suelo y el clima) y su administración (incluidos el tipo de cultivo, la gestión de aguas y los datos agronómicos). El informe analiza los retos y presiones que afrontan los paisajes bioalimentarios globales, junto con su potencial de transiciones rápidas y tangibles a corto plazo.

Anna and Joseph Gatheru's Farm Joseph Gatheru was the first farmer in his area of Nyeri County, Kenya, to have a rainwater harvesting pan. © Roshni Lodhia

Paisajes bioalimentarios bajo estudio

Cuenca alta del río Tana y Bahía de Chesapeake

La cuenca alta del río Tana se encuentra en las tierras altas centrales de Kenia, al norte y río arriba de la capital, Nairobi. El paisaje bioalimentario de la Cuenca alta del Tana ocupa una región montañosa de gran altura donde las estaciones se alternan entre periodos de grandes lluvias y prolongadas sequías. Estos aspectos físicos — el terre...

La cuenca alta del río Tana se encuentra en las tierras altas centrales de Kenia, al norte y río arriba de la capital, Nairobi. El paisaje bioalimentario de la Cuenca alta del Tana ocupa una región montañosa de gran altura donde las estaciones se alternan entre periodos de grandes lluvias y prolongadas sequías. Estos aspectos físicos — el terreno, el suelo, el clima— determinan las condiciones sobre las que se basan los aspectos humanos de la producción de alimentos. La producción se extiende por miles de pequeñas granjas llamadas shambas, la mayoría de las cuales tienen menos de 2 acres, y muchas de ellas se encuentran en empinadas colinas. A pesar de su pequeño tamaño, en estas shambas se cultivan desde cereales hasta piñas o café. Las producciones de estas granjas son cruciales para el consumo local de Nairobi y, al crear un vínculo económico vital entre las shambas, la ciudad de Nairobi, y la economía general keniana, también son una fuente de exportaciones internacionales.

Pero los paisajes bioalimentarios existen tanto en entornos marinos como terrestres. Consideremos la región de la bahía de Chesapeake en la costa este de los Estados Unidos. La cuenca que desagua en la bahía de Chesapeake abarca casi 7 millones de hectáreas (17 millones de acres), el 20% de las cuales se utiliza para la agricultura, incluidos los cultivos en línea, y para la cría de aves y ganado lechero y vacuno. Pero la bahía en sí misma también es una importante fuente de producción de alimentos, un sitio donde se cultivan ostras y donde habitan cangrejos azules silvestres y lubinas rayadas. 

Los entornos marinos y terrestres están conectados por los ríos que llegan desde las áreas agrícolas de las tierras altas y desaguan en la bahía — y sin las medidas adecuadas para gestionar las escorrentías de las granjas, el exceso de nutrientes degrada la calidad de las aguas y daña a las especies marinas que son importantes para el ecosistema y también para la economía alimentaria local. Los sistemas alimentarios terrestres y marinos no se pueden gestionar sin sopesar los impactos que tienen uno sobre el otro, y por tanto puede ser considerados como un único paisaje bioalimentario, con desafíos comunes y soluciones conectadas. 

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Nuevas formas de visualizar, gestionar e implementar cambios necesarios para la transformación a gran escala de nuestro sistema alimentario

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Alimentos y naturaleza: riesgos y recompensas

La transformación de los sistemas alimentarios a menudo es considerada como un desafío global, y con un motivo justificado –la producción de alimentos es un factor fundamental en el cambio climático y la destrucción de la naturaleza, y representa casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero y un 80% del cambio de uso del suelo a nivel global- es la causa principal de la pérdida de la biodiversidad. Al mismo tiempo, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad conseguirán que en el futuro sea mucho más difícil producir alimentos, lo que amenaza el sustento vital de los productores y, en definitiva, dificulta todavía más la posibilidad de alimentar a una población cada vez más numerosa.

Pero los sistemas alimentarios también tienen un gran potencial para un cambio positivo. Una transformación del sistema alimentario global basada en el respeto por la naturaleza ayudará realmente a mitigar el cambio climático y restaurar la biodiversidad, y al mismo tiempo mantener o incluso mejorar los medios de vida de los productores de alimentos.

a global map showing different categories of foodscapes across continents
Paisajes bioalimentarios Mapa terrestre combinado que muestra las diversas clases de paisajes bioalimentarios en todo el mundo. Debido al gran número de clases, no se muestra la leyenda. Un mapa interactivo en línea estará disponible después de la publicación del informe. © TNC/IIASA/Systemiq

Las evaluaciones globales han documentado de qué forma puede modificarse el sistema alimentario global para estar más alineado con las necesidades tanto de las personas como de la naturaleza. Lo que aún falta por aclarar son las cuestiones específicas: qué es lo que hay que hacer, dónde y cuándo, y cómo impulsar transformaciones duraderas sobre el terreno.

El hecho de trabajar con los paisajes bioalimentarios permite planificar las transiciones para la producción de alimentos que tienden puentes entre los desafíos globales colectivos y los enfoques locales. Por naturaleza, los paisajes bioalimentarios ofrecen una unidad de análisis que puede formar un mosaico dentro de un ámbito político, una geografía o bioma determinados, o incluso una región clave de abastecimiento agroecológico. De esta forma, los paisajes bioalimentarios ofrecen a los responsables de las políticas, los economistas, los analistas, o los líderes comunitarios una herramienta adicional para contribuir con la planificación de una vía relevante que dé lugar a una transformación del sistema alimentario.

in the fields of Punjab, India.
Punjab & Haryana, India Las instituciones de investigación y el gobierno promueven el Happy Seeder, una innovadora solución de manejo de cultivos sin quemas ni labranza, para el manejo de los residuos de arroz. © TNC India

Soluciones basadas en la naturaleza en acción:

Las soluciones basadas en la naturaleza ofrecen algunas de las mejores intervenciones para abordar en tándem los objetivos relacionados con el clima, la biodiversidad, y las subsistencias. En este informe se analizan tres categorías amplias de soluciones basadas en la naturaleza.

  • Agroecología y prácticas agrícolas regenerativas: se trata de prácticas agrícolas que restauran los paisajes bioalimentarios fomentando la biodiversidad y mejorando su capacidad para producir alimentos saludables. Estas prácticas son muchas, y se aplican tanto en los sistemas de cultivo como en los sistemas de pastoreo.
  • Acuacultura restauradora, pesquerías gestionadas de manera sostenible, producción de maricultura: estos son métodos que restauran la función ecológica y la salud del ecosistema, que ha sido degradado debido a prácticas de producción históricas, contaminación, y sobreexplotación de pesquerías.
  • Protección y restauración de ecosistemas naturales: estas prácticas implican detener la conversión de los bosques en prados para la explotación agrícola, y restaurar bosques secundarios y praderas degradadas, incluyendo la restauración de los bordes de los campos y las riberas, que potencian lo natural y la agrobiodiversidad en los paisajes agrícolas.
Central California, USA Los campos agrícolas en el Valle de San Joaquín de California pueden albergar cultivos como almendras y pistachos como se ve aquí. © Stuart Palley

Paisajes bioalimentarios bajo estudio

Soluciones en acción basadas en la naturaleza: prácticas y políticas

En la Cuenca Alta del Tana, la gestión de las granjas tiene un impacto directo sobre la cantidad y la calidad del agua disponible aguas abajo. En años recientes, la escorrentía de sedimentos producida por los agricultores redujo la calidad del agua en Nairobi, e incluso tuvo un impacto sobre la disponibilidad de la energía hidroeléctrica debido...

En la Cuenca Alta del Tana, la gestión de las granjas tiene un impacto directo sobre la cantidad y la calidad del agua disponible aguas abajo. En años recientes, la escorrentía de sedimentos producida por los agricultores redujo la calidad del agua en Nairobi, e incluso tuvo un impacto sobre la disponibilidad de la energía hidroeléctrica debido a que en el embalse se acumularon sedimentos. En un terreno accidentado donde hay cuencas como la del Tana, las prácticas agrícolas -como el cultivo en terrazas en las colinas o los cultivos en línea de pastos para forraje- pueden reducir considerablemente las escorrentías. El hecho de que haya menos escorrentías también significa que el suelo más fértil permanece en su sitio, lo que da lugar a mayores producciones de cultivos, como por ejemplo de café; y cuando se cultivan plantas de forraje nutritivas, como los pastos Napier, las vacas producen más leche. De este modo, los agricultores obtienen mayores ingresos y al mismo tiempo ayudan a mejorar la calidad del agua.

En otros paisajes bioalimentarios, las mejores soluciones pueden no comenzar con acciones en las granjas, sino como un cambio en las políticas para remodelar la economía de la producción alimentaria. El paisaje bioalimentario del valle de San Joaquín, en la región central de California, es uno de los más productivos del mundo, con 5 millones de acres de cultivos que proporcionan una cuarta parte de las frutas, hortalizas, y cultivos de árboles consumidos en los Estados Unidos. Pero esta enorme productividad se ha logrado a costa del paisaje original, una mezcla de humedales estacionales y un árido desierto de matorrales,y requiere un nivel de riego insostenible que está agotando los acuíferos locales.

En respuesta a estos desafíos, el estado de California ha creado una nueva agencia que se encargará de desarrollar e implementar estrategias locales para conseguir un uso más sostenible del agua. Como la agricultura es la base de la economía de la región, es importante establecer políticas que mejoren la sostenibilidad del agua con un impacto limitado sobre la producción alimenticia. Al establecer intercambios entre el agua local y regional, el agua puede ser utilizada donde más se necesita, reduciendo así el uso global del agua sin que sea necesario introducir ningún cambio en la producción alimentaria. Los campos de cultivos en barbecho degradados o marginales –aparte de la industria de producción de alimentos– también reducen la escorrentía, y si las zonas en barbecho se ubican estratégicamente podrían responder a las necesidades del hábitat de la mayoría de las especies amenazadas con una superficie relativamente pequeña de tierra. Y algunos cultivos, como por ejemplo las almendras, se beneficiarán del cambio porque dependen de polinizadores naturales como las abejas, que necesitan un hábitat silvestre y sano. 

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De la ambición a la acción

El análisis de este informe considera como punto de partida al mundo tal como está –los escenarios presentados muestran dónde y en qué medida el mundo puede alcanzar estas metas para el clima, el agua, la biodiversidad y la producción de alimentos, implementando soluciones basadas en la naturaleza en los paisajes bioalimentarios tal como existen en la actualidad. Dichos cambios también deben complementarse con cambios en la dieta, esfuerzos para reducir la pérdida y el desperdicio de los alimentos, y otras medidas que van más allá del ámbito de este informe. Esta  no es una agenda modesta, y el camino que tenemos por delante no será fácil.

El ámbito de esta agenda solamente subraya la urgencia de pasar a la acción hoy mismo. El objetivo final de este trabajo sobre los paisajes bioalimentarios es ofrecer un enfoque gestionable para abordar estas oportunidades y estos retos complejos e interdependientes. Con ese fin, el informe ofrece recomendaciones específicas que los líderes de todos los sectores pueden poner en práctica para ayudar a acelerar este trabajo.

El concepto de paisajes bioalimentarios nos ayuda a pensar y aceptar las complejidades e interdependencias de una manera nueva.

Enviado Especial para la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU

Los líderes gubernamentales deben examinar cuidadosamente los subsidios públicos en el sistema alimentario. Muchos subsidios, como los seguros para cultivos y las ayudas para catástrofes, ofrecen protecciones importantes para productores vulnerables a cambios drásticos en el mercado, para no mencionar un clima que está cambiando rápidamente. Pero lo contrario también es cierto: muchos de estos subsidios están fomentando prácticas que dañan el planeta y agravan muchos de los riesgos para los agricultores. Modificar la política de subsidios para los productores y revocar los que se han asignado a prácticas enfocadas exclusivamente en la producción y los resultados, con el fin de apoyar soluciones basadas en la naturaleza que restituyen el suelo y la salud del agua, es una de las medidas más importantes que pueden aplicar los responsables de las políticas.

Los líderes del sector privado también deben apoyar activamente una transición basada en la naturaleza –no hay un mecanismo de crecimiento mayor ni más rápido que los mercados. Las empresas pueden ayudar a liderar el camino estableciendo estándares ambiciosos que fomenten una producción alimentaria respetuosa con la naturaleza –y ayudar a los productores con los que trabajan para que puedan cumplir con dichos estándares y mejorar sus medios de vida.

Dichos cambios no se realizarán sin fricciones – habrá opiniones contrarias en relación con la prioridad, el ritmo, y la magnitud de la implementación, y también en relación con soluciones alternativas y prioridades diferentes. Esto requiere la voz y la participación de la sociedad civil - ambas sumamente importantes para su compromiso de colaboración con la transformación de los sistemas alimentarios- que incluyen la implementación y el incremento de soluciones basadas en la naturaleza.

Pero acaso lo más importante sea que los líderes de todos los sectores escuchen a los productores de alimentos y asuman compromisos auténticos. La transformación de los sistemas alimentarios se reduce en última instancia a una serie de decisiones tomadas por millones de productores de todo el mundo, en comunidades de extraordinaria diversidad. Una transformación justa y duradera solo puede tener lugar si todas estas comunidades pueden visualizarse a sí mismas como parte del proceso –y recibir el apoyo que necesitan para participar en él, con los beneficios resultantes distribuidos equitativamente.

Los alimentos son una de las necesidades básicas humanas, pero son mucho más que simplemente lo que consumimos –los alimentos son los cimientos de las culturas, las comunidades, las economías, las ecologías, y mucho más. Tal como ha afirmado recientemente Martin Frick, sustituto del enviado especial para la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas, “Solo podremos lograr que los sistemas alimentarios sean beneficiosos para las personas y el planeta, si observamos el mundo real…” El concepto de paisajes bioalimentarios nos ayuda a reflexionar y aceptar las complejidades e interdependencias de una nueva forma”.

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Nuevas formas de visualizar, gestionar e implementar cambios necesarios para la transformación a gran escala de nuestro sistema alimentario

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