En busca de unicornios: el viaje de una fotógrafa para documentar la conservación de los rinocerontes
Por Jenny Rogers
Hace más de 15 años, la fotógrafa Ami Vitale documentó por primera vez la historia del rinoceronte blanco del norte, una subespecie que hoy se considera funcionalmente extinta: solo quedan dos ejemplares vivos, ambos hembras, incapaces de reproducirse de forma natural. Fue una historia devastadora, que dejó una profunda huella.
Desde entonces, Vitale ha continuado su trabajo en la conservación de grandes especies, acompañando de cerca tanto perdidas irreversibles como signos de esperanza. A lo largo de los años ha fotografiado desde el traslado de jirafas hasta esfuerzos clave por proteger a los rinocerontes, incluida la reubicación de 21 rinocerontes negros orientales.
El rinoceronte negro oriental —una subespecie del rinoceronte negro— también estuvo al borde de la extinción en Kenia. Pero, a diferencia del rinoceronte blanco del norte, su historia comienza a cambiar. Gracias a años de trabajo de conservación, su población ha comenzado a recuperarse, hasta el punto de que algunos santuarios enfrentan un nuevo desafío: la falta de espacio.
Para apoyar esta recuperación, en 2024 el Kenya Wildlife Service trasladó 21 rinocerontes a Loisaba Conservancy (enlace en inglés), una reserva en el centro de Kenia que ahora se convierte en el santuario número 17 del país y que colabora con TNC en prácticas de conservación y manejo del territorio.
Para cubrir el traslado de los rinocerontes, Vitale viajó a santuarios de fauna salvaje en Kenia en múltiples ocasiones durante varios años. Captó imágenes antes, durante y después de su traslado, que culminaron con la filmación con dron de una cría de rinoceronte, Valentine, nacida en su nuevo hogar. Su trabajo, que incluía una fotografía de un rinoceronte macho en reposo, Bruno, bajo un arcoíris, obtuvo el primer puesto en la categoría de Picture of the Year International Award (Premio internacional de Foto del año), un prestigioso concurso anual de fotoperiodismo.
Ella menciona que el momento bajo el arcoíris, años después de haber cubierto la pérdida de la subespecie de rinoceronte blanco del norte, le pareció especialmente profundo. Aquel día estuvo oscuro y llovía y tenía que tomar un vuelo. Vio la sombra de un rinoceronte en el horizonte bajo las nubes y la lluvia, y esperó.
“Momentos antes de tener que irme, el cielo se abre y aparece este arcoíris”, Vitale comenta. “Pensé que era la metáfora perfecta: Siempre hay esperanza, y solo hay que comprometerse, ser persistente y paciente”.
Detrás de la cámara, donde la esperanza toma forma
A través de su lente, Ami Vitale documenta tanto la belleza como la fragilidad de los rinocerontes, y la dedicación de quienes trabajan por salvarlos. Estas son algunas de sus fotografías.
Ami Vitale se sienta junto a uno de los últimos rinocerontes blancos del norte. “Me sentí como si estuviera en presencia de un unicornio”, Ami menciona de su primera experiencia al conocer al animal, que desde aquel entonces estaba en peligro de extinción. “Los mirabas y entendías enseguida que habían estado vagando por el planeta mucho más tiempo que la humanidad”. “Parecen prehistóricos y dinosaurios, y lo que me sorprendió fue este profundo sentimiento de admiración que me inspiraron”.
Llevar a los rinocerontes de una reserva a otra supuso un esfuerzo monumental. Vitale documentó el trabajo de conservacionistas y miembros del equipo veterinario, como Mukami Ruoro-Oundo, veterinaria del Kenya Wildlife Service, a quien se ve aquí administrándole un dardo a un rinoceronte negro en el Nairobi National Park antes de su traslado a Loisaba.
Trasladar con seguridad un animal tan enorme implicaba un trabajo delicado y Vitale trató de documentarlo sin interponerse. Aquí, un miembro del equipo veterinario del Kenya Wildlife Service comienza el proceso de sedación y colocación de un transmisor en el cuerno de un rinoceronte negro oriental llamado Kibou antes de su traslado a Loisaba Conservancy.
La rinoceronta negra Ushindi sale de su jaula tras ser capturada y transportada desde Ol Pejeta Conservancy hasta Loisaba Conservancy. Para capturar momentos como este, Vitale menciona que se basó en sus años de experiencia en el seguimiento de los esfuerzos de conservación de rinocerontes, y se mantuvo alerta, y respetó a los veterinarios y trabajadores de los servicios de vida salvaje que mejor conocen a los rinocerontes.
Vitale utilizó la fotografía con drones para capturar momentos desde la distancia que pudieran transmitir la vasta escala de los posibles corredores de fauna salvaje de la zona. Aquí, el Kenya Wildlife Service transporta rinocerontes negros desde Ol Pejeta Conservancy hasta Loisaba.
Una vez en Loisaba Conservancy, Vitale se unió a los guardabosques mientras vigilaban a rinocerontes negros recién llegados como Diamirza aquí. Los guardabosques hacen un seguimiento de los rinocerontes para garantizar la continuidad de su salud y seguridad tras su llegada.
Vitale indica que a veces a los rinocerontes les gusta esconderse entre la maleza, lo que dificulta su detección con su cámara o por parte de los guardabosques.
Kenia estuvo a punto de perder sur rinocerontes negros. Pero eligió no rendirse. Y en ese esfuerzo logró revertir esa historia y demostró que la conservación es posible y que hay caminos para cambiar el rumbo.
Detrás de cada historia como esta—de cada especie al borde y cada ecosistema en riesgo—hay personas que se comprometen, cuidan y reconstruyen.
Por eso estas historias importan: porque nos recuerdan que la naturaleza no solo está en peligro, también está llena de posibilidades. Y que, mientras haya quienes actúen, siempre habrá espacio para la esperanza.
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