Seis innovaciones científicas que están cambiando la conservación
Para resolver los problemas de conservación más urgentes, los científicos recurren a drones, nanotecnología, microbios e incluso máquinas de pasta.
En nuestra aún relativamente breve existencia, los seres humanos nos hemos llevado a una era que muchos denominan ahora el Antropoceno, una nueva época geológica definida por el impacto humano sobre la Tierra. Pero nuestra creatividad sin parangón es un arma de doble filo. Es innegable que contribuimos al desarrollo de muchos de los desafíos globales a los que se enfrenta actualmente nuestra especie y todas las especies que comparten este planeta.
Al mismo tiempo, debido a nuestro impacto, el mundo necesita ahora más que nunca la innovación humana. Sabemos que debemos estabilizar el clima. Sabemos que debemos satisfacer las necesidades de recursos de una población mundial en aumento. Sabemos que debemos salvar los ecosistemas que sustentan toda la vida. Y sabemos que no lo conseguiremos por el camino que actualmente transitamos.
Gracias a la ciencia, nuevos caminos son posibles. Es el pilar de vida de todos y cada uno de nosotros, desde los medicamentos que les damos a nuestros hijos hasta las vastas redes de información que tenemos a nuestro alcance. Y la ciencia ha guiado todas las acciones de The Nature Conservancy (TNC) durante más de 70 años. En la actualidad, más de 600 científicos de TNC trabajan distintos lugares del mundo para descubrir y aplicar soluciones a los mayores desafíos a los que se enfrentan las personas y el planeta. Desde nuevas soluciones bioenergéticas hasta la mejora de la precisión cartográfica de los drones, aquí mencionamos algunas de nuestras innovaciones científicas recientes favoritas.
1. Tecnología de reconocimiento facial para peces
¿Cómo se reconoce la cara de un pez? Es una pregunta seria.
Pensemos en el estado de la pesca mundial. El viejo dicho empresarial “si no se puede medir, no se puede gestionar” también se aplica a la pesca. Y de las más de 10 000 pesquerías del mundo, menos de 440 llevan a cabo actividades de evaluación.
Como las capturas se realizan en el mar y en muchos barcos, es imposible que los gestores o los conservacionistas estén presentes para controlar las especies de peces y los niveles de capturas. Por eso, The Nature Conservancy está desarrollando un sistema llamado FishFace a fin de recopilar, organizar y compartir datos esenciales para el manejo sostenible de pesquerías.
FishFace utiliza tecnología de reconocimiento facial (enlace en inglés), funciona de manera similar a las aplicaciones informáticas que pueden identificar a una persona a partir de una fotografía digital o un fotograma de video. En el caso de las personas, suele utilizarse para resolver delitos. FishFace se utilizará para identificar información sobre las especies y el número de peces capturados, así como para medir la longitud de cada ejemplar: toda la información necesaria para evaluar la condición de la pesquería y gestionarla bien. Cada pescado capturado y procesado puede identificarse y rastrearse a lo largo de la cadena de suministro con información precisa de lo que es.
Este método se está probando en las pesquerías de pargo y mero de aguas profundas de Indonesia y en las pesquerías de atún del Pacífico Central Occidental, con la posibilidad de extenderlo a otras pesquerías.
2. Baterías alimentadas con sangre
¿Baterías alimentadas con sangre o sal en lugar de litio? ¿Producción de energía alternativa que sigue el modelo de las células de las almejas gigantes? ¿Uso de la ciencia para determinar cómo se puede utilizar el suelo para luchar contra el cambio climático? (Enlaces en inglés). No se trata de ciencia ficción, ni siquiera de un deseo, sino del trabajo continuo y detallado de los becarios del programa NatureNet Science Fellows de TNC.
Los becarios trabajan en la ciencia del futuro que el mundo necesita para mitigar el cambio climático, incluida la investigación y el desarrollo de nanotecnologías para la producción y el almacenamiento de energía limpia viable a gran escala.
El programa es una alianza entre TNC y las principales universidades de investigación (incluidas las Universidades de Pensilvania, Harvard, Yale, Princeton, Stanford, Cornell, UCLA, entre otras), y “le indica al mundo que la conservación necesita basar su trabajo no solo en la ecología y la biología, sino en un enfoque interdisciplinario de la ciencia y las pruebas”, menciona Roy Vagelos, uno de los fundadores del programa NatureNet Science Fellows, miembro de la junta directiva de TNC y expresidente, y CEO y presidente de Merck & Co.
Vagelos ve el programa como una forma de “guiar a TNC y al mundo hacia direcciones nuevas y necesarias mientras se trabaja para resolver los desafíos de la sostenibilidad global en torno a la energía, el agua y la agricultura”.
3. Cámara trampa: lo que hacen los animales cuando no los vemos
Quizá ningún aparato tecnológico haya conectado a más personas con la maravilla y el misterio del mundo natural que la cámara fotográfica y su descendiente directa: la cada vez más versátil y útil cámara trampa.
El desarrollo de la cámara trampa en sí es una historia que se origina en la curiosidad y la innovación humanas enraizadas en la fascinación cultural por la fotografía de la naturaleza que floreció en Inglaterra a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando el fotógrafo George Shiras desarrolló una de las primeras cámaras trampa remotas con éxito al ensamblar una cámara, una linterna y un ingenioso sistema de cables trampa. Cuando los animales silvestres tropezaban con los cables, se fotografiaban. No se necesita que una persona dispare el obturador.
Y, claro, utilizar cámaras para fotografiar y grabar animales silvestres a distancia —sin presencia humana en un puesto de observación o detrás de un teleobjetivo— parece obvio ahora, pero, para llegar a donde estamos hoy (es decir, cámaras compactas, ligeras, duraderas, de alta resolución y sensibles al movimiento que puedan atarse a los árboles o montarse en rocas o dejarse desatendidas en la naturaleza para grabar y almacenar cantidades masivas de imágenes de alta resolución, sonidos, videos y otros datos que se capturan durante semanas o meses) ha hecho falta mucha innovación e imaginación.
Las cámaras modernas pueden funcionar con energía solar, soportar la humedad, el calor, la lluvia y el frío (frío de verdad: el límite de frío de algunas cámaras remotas está clasificado en -29° C [-20° F]), utilizar infrarrojos y sensores de movimiento en lugar de cables trampa, e incluso transmitir imágenes en tiempo real a través de redes celulares al teléfono inteligente que llevas en el bolsillo.
Todo ello convierte a la cámara trampa en una de las herramientas más versátiles de la ciencia de la conservación. Científicos de todo el mundo (desde investigadores a científicos ciudadanos) las utilizan. Algunos científicos incluso las utilizan para capturar imágenes dignas de una galería (enlace en inglés). En TNC, los científicos siguen desarrollando formas innovadoras de utilizar cámaras trampa para medir la conservación de la biodiversidad, por ejemplo, vigilando a los cazadores furtivos de Venus atrapamoscas en el Green Swamp de Carolina del Norte, controlando la eficacia de los incendios prescritos y documentando algunas de las criaturas más escurridizas del mundo, como la comadrejita trompuda en la Reserva Costera Valdiviana en Chile, los leopardos de las nieves en Mongolia (enlace en inglés) o las aves del paraíso en Papúa Nueva Guinea.
4. Drones, láseres e inteligencia artificial: las nuevas tecnologías que revolucionan la ciencia de campo
Si quieres conocer el trasfondo técnico, la práctica de la teledetección comenzó en la década de 1840, cuando observadores intrépidos combinaron cámaras y globos para tomar imágenes de la Tierra. A lo largo de los 170 años siguientes, la teledetección (término acuñado y definido por Evelyn Pruitt, de la U.S. Office of Naval Research en la década de 1950) ha ido tan lejos que abrumaría a Julio Verne.
Hoy en día, la teledetección —el arte y la ciencia de “identificar, observar y medir un objeto sin entrar en contacto directo con él”— abarca toda una gama de herramientas: desde imágenes satelitales de alta resolución hasta láseres que miden cambios diminutos en glaciares y costas, y pequeños vehículos aéreos no tripulados (drones) que pueden fotografiar, representar mapas y registrar enormes cantidades de datos con resoluciones de 2 centímetros.
Los científicos de TNC, como Steve Schill, están a la vanguardia del desarrollo y la aplicación de todas las herramientas de teledetección —incluidos los drones— a fin de brindar información y orientación para la toma de decisiones de conservación y desarrollo en todo el mundo. En Gabón, los científicos utilizaron drones para representar mapas de 9000 km2 de humedales a los que no se podía acceder de otro modo. En el Caribe, Schill trazó mapas de los hábitats por encima y por debajo del agua y los estudió con un dron que podía despegar del agua y aterrizar en ella (enlaces en inglés). (El secreto de sus capacidades anfibias: un recipiente común de Tupperware. Schill y uno de sus estudiantes modificaron un dron existente para que flote y sea impermeable a la vez). En Estados Unidos, los científicos están probando la facilidad de los drones equipados con cámaras multiespectrales para monitorear la calidad del agua de pequeños arroyos y humedales.
A medida que la tecnología de los vehículos aéreos no tripulados sigue avanzando (los drones se hacen más pequeños, más capaces y menos caros), su utilidad para la ciencia de campo puede ser casi ilimitada.
Otras tecnologías han avanzado de forma similar. Terra-i es un programa de inteligencia artificial que utiliza datos pluviométricos en tiempo real para predecir el grado de verdor de un hábitat determinado y, a continuación, comparar esa predicción con imágenes del hábitat tomadas por un satélite de monitoreo de la Tierra. Y LiDAR, una forma de trazar mapas de los bosques a distancia con láser, ha demostrado ser una herramienta eficaz y precisa para medir los efectos de la tala de impacto reducido en Indonesia (enlace en inglés).
5. Bioacústica: capturar el muro de sonido de la selva tropical
Sitúate al aire libre en cualquier entorno natural, cierra los ojos y escucha. Oirás el canto de los pájaros, el chirrido de los grillos o el croar de las ranas. Esos sonidos de la naturaleza componen la bioacústica, y son algo más que una banda sonora agradable: son datos valiosos para científicos y conservacionistas.
Un campo de investigación emergente: la bioacústica (enlace en inglés), que utiliza ahora el conjunto de datos a menudo denominado paisaje sonoro como medida aproximada de la biodiversidad.
Los investigadores despliegan grabadoras acústicas y ultrasónicas sensibles en el bosque (enlace en inglés), Las grabadoras acústicas captan sonidos entre 1 y 24 kilohercios, aproximadamente dentro del rango normal de audición humana, que incluye las vocalizaciones de aves, algunos murciélagos, ranas, mamíferos y la mayoría de los insectos. Las grabadoras ultrasónicas captan sonidos de hasta 96 kilohercios, lo que nos permite recopilar datos sobre murciélagos e insectos que vocalizan a frecuencias fuera del alcance del oído humano.
Estos datos acústicos proporcionan una estimación aproximada de la biodiversidad, lo que permite a los investigadores determinar si las actividades de conservación están funcionando. En la actualidad, The Nature Conservancy utiliza la bioacústica a fin de determinar las mejores prácticas de gestión forestal para la conservación de la fauna salvaje en Borneo y para determinar la eficacia de conservación de los planes de uso del suelo en Papúa Nueva Guinea (enlace en inglés).
6. Ravioles de tierra y bananas que salvan murciélagos
Los conservacionistas buscan cada vez más soluciones a los problemas de conservación en otros campos de investigación, en los nuevos avances de la industria e incluso en las tiendas locales de artículos para el hogar.
Una bacteria común probada para inhibir el crecimiento de hongos en las bananas del supermercado resultó ser también el primer tratamiento exitoso para murciélagos que padecen el devastador síndrome de la nariz blanca (enlace en inglés).
Salvar a los Murciélagos Descubre cómo enfrentamos el Síndrome de la Nariz Blanca. (selecciona subtítulos en español)
Los conservacionistas de Oregón tuvieron dificultades para conseguir que las semillas de artemisa autóctona sobrevivieran tras la siembra, hasta que crearon una mezcla especial de tierra utilizando una máquina para hacer pasta (enlace en inglés). Estos “ravioles” de semillas tienen un 70 % más de posibilidades de sobrevivir que si se esparcieran por la tierra.
Los avances en el conocimiento de los microbios tienen aplicaciones que van desde la atención sanitaria a la creación de nuevos materiales. Los microbios también pueden contribuir a la conservación. Por ejemplo, los microbios del suelo pueden ser la mejor forma de atacar el bromo invasor (enlace en inglés), una planta invasora no autóctona que hasta ahora se ha mostrado inmune a otras medidas de control.
Y a veces, con la investigación, se encuentran soluciones en la ferretería local. Con un tubo de PVC y un generador, los conservacionistas pueden crear el sonido del agua que atrae a los sábalos migratorios a las esclusas fluviales, lo que les permite superar los diques y llegar a su hábitat de desove. En el río Apalachicola River de Florida, esta sencilla solución hizo que el número de sábalos que traspasaban el dique aumentara de 10 000 a 250 000 en dos años.
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