Historias en Ecuador

El vivero y jardín comunitarios que fortalecen la conservación y la resiliencia desde el conocimiento local

Una mujer se concentra intensamente mientras planta un pequeño arbusto en un jardín.
Trabajo en el jardín. Mujer siembra plantas en el jardín © Nixon Andy

Fortaleciendo la conservación y la resiliencia

En el corazón de la comunidad A’i Cofán Sinangoe, en la vasta Amazonía ecuatoriana, el vivero y jardín comunitario se ha consolidado como un espacio donde la conservación nace desde el conocimiento ancestral y cotidiano de la comunidad. Aquí, el cuidado de las plantas no es una práctica nueva, sino parte de una relación histórica con el territorio que hoy se proyecta como una solución clave para proteger la naturaleza y fortalecer el bienestar local.

El vivero y el jardín son gestionados por la Asociación Shame’cco, la cual está conformada por mujeres de la comunidad, quienes conocen las especies, sus ciclos y sus usos tradicionales.   Para la siembra, en un espacio de aproximadamente 700 metros cuadrados, las mujeres seleccionaron 52 especies clave para la soberanía alimentaria, la medicina tradicional y los procesos de restauración ecológica.

Un grupo de personas posa alegremente bajo un refugio rústico, rodeado de exuberante vegetación y plataneros.
Minga Shame’cco El equipo que trabaja en el sembrío de nuevas plantas. © Nixon Andy

“La importancia de este proyecto es apoyar a la soberanía alimentaria, recuperar especies importantes que tienen que ver con plantas frutales, medicinales, maderables para la construcción, plantas para elaborar artesanías, también algunas plantas son importantes como ingredientes que fortalezcan y ayuden a recuperar la gastronomía ancestral”, recalca ngel Crespo, técnico de la Fundación Yakum, socio local que apoyó a TNC en la ejecución del proyecto.

Muchas de las semillas y plántulas fueron recolectadas en el bosque de la comunidad, en recorridos en donde varias mujeres compartían sus conocimientos sobre la forma de recolección y sus usos con otras mujeres y niños de la escuela comunitaria. Por otro lado, la guardia indígena Kuirasunde’khu, que realiza actividades de monitoreo y vigilancia en todo el territorio comunal, durante sus recorridos apoyó a identificar 23 árboles semilleros de especies de importancia por sus diversos usos.

“Trabajamos como lo hicieron nuestros abuelos, con plantas que fueron y son de gran importancia, plantas que ellos cuidaron y que tienen mucho valor para nosotros”, señala Rosalinda Umenda, socia de Shame’cco.

Conocimiento comunitario que impulsa la conservación

El vivero comunitario refleja el valor del saber local como base de la conservación. Las mujeres de la comunidad participan activamente en la recolección y propagación de especies nativas, combinando prácticas tradicionales con una visión de largo plazo para el cuidado del territorio.

En este proceso, The Nature Conservancy (TNC) acompañó y fortaleció esta iniciativa, con el objetivo de potenciar su impacto, apoyando no solo a la conservación sino también al rescate de tradiciones propias de las comunidades. “Las mujeres desde el inicio han liderado este proyecto, han tomado las decisiones de que plantas les interesa dentro del jardín y el vivero, y así también tener una farmacia cerca porque para ellas la aparición, frecuencia y duración de enfermedades es uno de los efectos más evidentes del cambio climático”, explica Ximena Checa Rivas, especialista de conservación de TNC.

Dos personas, una con camisa azul y vaqueros, y otra con camisa negra y azul, plantan plantones en un jardín.
Minga Shame’cco El equipo trabaja en la preparación de abono para las plantas. © Nixon Andy

El traer a las especies cerca de la comunidad ha permitido fortalecer el vivero como un espacio estratégico para la restauración y para más actividades de la comunidad. “Hay que resaltar que esto se vuelve un espacio de encuentro, de recuperación y transmisión de saberes, de aprendizaje para la comunidad y de traer de nuevo las tradiciones”, añade Checa Rivas.

El jardín: un espacio vivo de conservación

El jardín comunitario complementa el vivero como un espacio demostrativo y educativo, donde se muestran especies nativas y prácticas de manejo que forman parte de la vida diaria de la comunidad. Este lugar permite compartir el conocimiento con visitantes, jóvenes y nuevas generaciones, reforzando el vínculo entre las personas y la naturaleza.

Una mujer sonriente con una camisa azul manipula grandes hojas verdes en un entorno soleado al aire libre, rodeada de árboles y personas sentadas al fondo.
Minga Shame’cco. Revisión de plantas © Nixon Andy
Cuatro mujeres se dedicaron a plantar un árbol en un jardín frondoso y verde.
Vivero Shame’cco. Sembrío en el vivero © Nixon Andy
Minga Shame’cco. Revisión de plantas © Nixon Andy
Vivero Shame’cco. Sembrío en el vivero © Nixon Andy

“Esta es nuestra visión y nuestro sueño, por eso nuestra meta ha sido tener estas plantas medicinales cerca de nosotros y no tener que ir bosque adentro para encontrarlas, así si alguien se enferma puede tener esta farmacia natural cerca”, comenta Fabiola Umenda, socia de Shame’cco.

Más allá de su función ambiental, el vivero y el jardín fomentan la cohesión y organización comunitaria y generan oportunidades para fortalecer medios de vida ligados a la conservación, como por ejemplo el turismo, demostrando que proteger la naturaleza también puede sostener a las comunidades.

Potenciar lo que ya existe para asegurar el futuro

El vivero y jardín comunitario de Sinangoe es un ejemplo de cómo la conservación es más efectiva cuando se construye desde el territorio y se apoya en el conocimiento de quienes lo habitan.  “Este proyecto ha sido una forma concreta de pasar de la teoría a la práctica para integrar la equidad y la justicia en la adaptación al cambio climático”, destaca Ximena Checa Rivas. Cada planta cultivada es una expresión de ese vínculo profundo entre comunidad y naturaleza, y una apuesta concreta por el futuro.

Al acompañar y potenciar estos esfuerzos locales, The Nature Conservancy reafirma su compromiso con una conservación que reconoce, respeta y fortalece el liderazgo comunitario, construida desde la gente, donde el conocimiento comunitario, la organización y el cuidado del entorno se convierten en la base para paisajes más saludables y comunidades más resilientes.